Tipo de lectores

 

Decían los teóricos de la estética de la recepción, como Hans Robert Jaus, que cada lectura es única. La estética de la recepción restituye el papel activo del lector en cada lectura en función de su contexto psicológico, histórico y cultural. Ahora bien, esos mismo condicionamientos hacen que cada uno de nosotros afronte la lectura de un modo peculiar y buscando elementos distintos, y esto es a menudo agrupable en diversos grupos más o menos aleatorios pero curiosos. El primero en marcar una tipología bastante ingeniosa de lectores fue Samuel Taylor Colesidge (1772 - 1834), el poeta, escritor y crítico literario inglés, para él existían cuatro tipos de lectores:

a) Esponjas: que absorben todo lo que leen y lo devuelven en el mismo estado, sólo que un poco más sucio.

b) Coladores: que retienen tan sólo los posos (sedimentos) y las heces (desechos) de lo que leen.

c) Relojes de arena: que no retienen nada y se contentan con ir pasando páginas para matar el tiempo.

d) Diamantes: tan raros como valiosos, que sacan provecho de todo lo que leen y hacen posible que otros lo saquen también.

En una perspectiva más moderna la escritora boliviana Yocasta Aróstegui perfila una interesante tipología de lectores, a partir de la existencia de revistas literarias, librerías y asistencia a las ferias de libros. Según estos indicadores, existen tres tipos de lectores:

A) Los adeptos a la literatura de masa, aquellos que “devoran” libros de autoayuda.

B) Los lectores ‘pose’, aquéllos que ingresan a una librería sólo para preguntar cuál es el que más se ha vendido o cuál el más caro para deleitarse posteriormente en su círculo de amigos sobre las bondades, por ejemplo, de un Código da Vinci

C) Lectores exigentes, claramente distinto de los dos anteriores. Lectores que reconocen el valor literario de una obra.

Recientemente la revista americana The Atlantic ha elaborado una ingeniosa clasificación de lectores:

El lector promiscuo: empieza un libro y no duda en abandonarlo por otro. Así es su dieta lectora. No puede evitarlo. Le gusta demasiado leer y no sabe decir que no.

El lector cascarrabias: voraz a la par que exigente. Nunca deja un libro a la mitad aunque no le guste nada y opine que el autor no sabe juntar dos frases seguidas con sentido. Suele lanzar el libro contra la pared.

El lector cronológico: lento y constante. Se compra un libro, lo lee y vuelve a la librería a por otro. Es la antítesis del lector promiscuo. Sólo abandona un libro sin terminar de leerlo si tiene una razón de peso y ni con esas se libra de los remordimientos de conciencia.

El lector aniquilador: siente pasión por los libros, los lleva a todas partes y, por eso, toda su biblioteca está formada por libros con las hojas sueltas, las cubiertas rotas y las páginas amarillentes. Quiere tanto a sus libros que ni se da cuenta de que les hace daño.

El lector ocupado I: amante de los libros, entra a una librería y no puede evitar comprar varios ejemplares. Luego llega a casa y los coloca en una estantería o en la mesita de noche como si fueran una obra de arte. Pero está muy ocupado y tarda meses, años incluso, en abrir los libros y leerlos. Cuando lo hace, lamenta haber tardado tanto en leer esa maravillosa pieza literaria.

El lector ocupado II: no le gusta leer, compra los libros para presumir.

El librófilo: más que leer, le gustan los libros. Los viejos, por su olor, sus arrugas y sus páginas amarillentas, y los nuevos, por su olor, su frescura y su disponibilidad.

El anti-lector: nunca lee libros porque son demasiado largos.

El espíritu libre: dícese de un adulto que lee literatura para jóvenes o de un niño que lee libros para adultos. Antaño esto era causa de sonrojo, pero ya no. La sociedad ha aceptado a estos espíritus libres que nunca han hecho caso de las estrictas categorías del mercado editorial.

El multitarea: lee varios libros a la vez, confunde tramas y personajes, pero siempre los termina.

El lector somnoliento: sólo tiene tiempo de leer cuando acaba el día, en la cama. Está comodísimo y el libro es fantástico, pero no consigue mantener los ojos abiertos y se despierta a las tres de la mañana para cerrar el libro y apagar la luz.

¿A qué tipo de lector perteneces?

 

 

 

 

 

 


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