Crítica literaria: vanguardia analógica del siglo XXI

Crítica literaria: vanguardia analógica del siglo XXI

REINVENTAR ANALÓGICAMENTE EL LIRISMO POÉTICO DEL YO

En las diferentes vanguardias de la literatura poética latinoamericana del siglo xx han sido evidentes las rupturas radicales con respecto a la lírica de una generación a otra y la de un mismo autor en relación con su primera y posterior obra. Estas rupturas han tenido que ver no solo con la temática/contenido, lenguaje y forma del poema, sino también con los énfasis en la poesía de la tradición precedente; por ejemplo, mucho de la tradición precedente privilegiaba la belleza y armonía estética del poema, temáticas existencialistas/metafísicas e incluso el legado musical como la rima, la métrica y determinados moldes estróficos. Las vanguardias, en cambio y en términos generales, privilegiaron, entre otras cosas, la forma y el lenguaje renovados, la imaginación e imágenes insólitas y visionarias; también privilegiaron la escritura discontinua y fragmentada en lugar de la armonía estética, sin olvidar las temáticas y el lenguaje ideológicos de compromiso con las causas sociales como arma de combate contra el imperialismo; el arte poético debía de procurar no su belleza literaria interna (“arte por el arte”), sino ser funcional, utilitario, didáctico y, finalmente, comprensible, no hermético. No obstante, dentro del mismo contexto, las vanguardias experimentaron siempre una especie de “contravanguardias” opositoras y procuraron a la vez conservar determinados aspectos de las tradiciones poéticas precedentes (ver Soní Soto, 2007, pp. 187-207). 1. VANGUARDIA ANALÓGICA DEL SIGLO XXI En nuestros ensayos anteriores hemos enfatizado que la ruptura vanguardista que proponemos en relación con las tendencias poéticas tanto modernas como posmodernas dominantes visibles en la red, no pretende ser deconstructiva al modo posmoderno radical que hasta ha dejado de creer en la existencia de una verdad. Lo que en términos filosóficos pretende ser es “analógica”; es decir, equilibrada, lo cual a su vez quiere decir que procura mantenerse en tensión en el punto intermedio porque no desecha ni conserva todas las características propias y dominantes de las tendencias poéticas tanto modernas como posmodernas de los recientes años. La analogía, pues, tiene un margen de variabilidad significativa que le impide irse a un extremo (las características de la lírica moderna) y otro (las características de la lírica posmoderna) de las tendencias poéticas dominantes extremas. En este sentido, en nuestra vanguardia analógica va a predominar, por un lado, la diferencia con relación a las características propias y dominantes de las tendencias poéticas modernas y posmodernas; esto es porque rompe con muchas de tales características, elementos o énfasis propios de esas tendencias líricas (temáticas eróticas, románticas, pasionales y de compromiso social y su lenguaje, y otras). Por otro lado, en nuestra vanguardia analógica también se guarda, aunque no preponderantemente, semejanzas con las características, elementos o énfasis propios de las tendencias poéticas modernas y posmodernas; la razón es porque no se desvincula radicalmente de todas las características, elementos o énfasis de esas mismas tendencias, sino que los conserva, vigencia o recupera renovadoramente. Nuestra vanguardia de los albores siglo xxi procura, entonces, reinventar el lirismo poético del yo moderno (tradicional) y posmoderno (actual). En este ensayo, me limitaré en señalar la ruptura, diferencia y semejanza con la lírica erótica, romántica y pasional, así como también con la de compromiso social y su lenguaje coloquial e ideológico político. 2. EL LIRISMO POÉTICO DEL YO VANGUARDISTA El lirismo poético del yo es llamado también “lirismo confesional”, pues frecuentemente permite identificar al autor del poema con el yo que habla en el mismo, dando cuenta de su experiencia de su mundo interior. Se da así una identificación del poeta/autor con la voz del poema. Ya ensayistas como la extinta guatemalteca Margarita Carrera, Premio Nacional de Literatura, han declarado el carácter no solo de particularidad e individualidad, sino también de universalidad de la poesía lírica; de acuerdo con Carrera, esta poesía expresa temas que se han sentido y vivido en carne propia. Y nada es más asequible que la propia problemática vital. Nada más querido u odiado o, agregaría, negado incluso por los mismos poetas líricos. Y él, concluye Carrera, siendo él, interiorizándose, lo que equivale no a su propia alma, sino a la del lector, sus temas son siempre universales. Y es a esta universalidad que la poesía lírica siempre ha aspirado y aspira hoy, como ya lo he mencionado en otros ensayos Así, pues, la esencia propia y legítima (no narcisista) del lirismo poético del yo es la particularidad y la individualidad con que el poeta expresa el sentimiento que emana de su corazón, alma e intelecto; de este modo, lleva a su más alto grado la capacidad poética de la lengua y permite al lector acceder a esa chispa o efecto poético sublime que salta del corazón y letra del poeta a la suya. En este voltaje lírico, la ficción poética, si existe alguna, queda excluida del mundo del poema. Pero nótese que hablo aquí de un efecto poético lírico sublime como norma estética transformadora que quizás ningún lenguaje erótico, romántico, pasional y coloquial/conversacional como suele ser el político/ideológico difícilmente podría producir en el alma de aquel que lo devora con fruición. Que tal lenguaje edulcorado y de abierta pulsión sexual puede producir otro tipo de efecto en sus lectores es innegable, como lo es también la poca o nada de transformación que puede efectuar en los mismos. Y esto pese a todo lo que puedan argumentar sus defensores precisamente hoy cuando el feminismo literario en general denuncia la ideología patriarcal. Se sabe que esta ideología ha convertido a la mujer en simple objeto no solo simbólico del deseo, del poema y de la publicidad del neoliberalismo/capitalismo consumista, sino también del placer sexual; esto sucede incluso cuando la mujer misma se autoproclama en sujeto de ese placer cada vez que poetiza sobre el suyo propio, su sentir y yo sexual femenino, intentando desafiar los cánones poéticos patriarcales dominantes (ver sobre Griselda Álvarez, en Saavedra Gastélum, 2018). Habría que recordar que la verdadera misión del auténtico arte literario es arañarnos, trastornarnos e introducir en nuestra vida cierto desasosiego, de búsqueda, de duda, que la transforme positivamente. Aunque el tema de la recepción del arte poético en la vida de los lectores tiene su propia complejidad, uno podría preguntarse si no es lo anterior lo que han logrado y logran muchas de las grandes lumbreras del lirismo de los años no solo pasados, sino también recientes de nuestra región latinoamericana tales como la uruguaya Alma Del Campo y la argentina Cecilia Ortiz. Estas lumbreras trajeron en el pasado y traen hoy al verso una voluntad de estilo y de belleza estética; pero este estilo y belleza han sido y son aún ajenos al erotismo, romanticismo, pasionalismo y el coloquialismo político/ideológico; sin embargo, la tendencia autónoma y creativa con la que la crítica literaria en general tiende hoy a analizar los poemas le concede mucha libertad en aplicar injustificadamente una diversidad de claves hermenéuticas, incluso eróticas, en su trabajo. En términos generales, nuestra vanguardia, por otro lado, conserva o recupera renovadoramente características, elementos o énfasis de las tendencias poéticas modernas y posmodernas. Por ejemplo, del coloquialismo conversacional de compromiso social —ligado a la lírica del yo— recupera, por razones que discutiremos en otro ensayo, la temática social o realista, pero preservando el voltaje estético y lírico del lenguaje no grosero ni ofensivo, consciente de que la poesía tiene una función transformadora no sociopolítica. De los residuos modernistas clásicos preserva o dialoga con la métrica y la rima, y con ello el modelo estrófico implícito, al lado del verso blanco o sin rima. Y de la poesía sobre todo posmoderna recupera la emoción/sentimiento, en tanto recordemos que el otro ingrediente esencial de la lírica es el intelecto. Pero nuestra vanguardia no se queda allí; persigue una poesía novedosa en lenguaje, forma y estructura con sello propio. En otras palabras, persigue un proyecto estético con sello que solo el propio talento puede proporcionar, aunque en poesía, al igual que en otros campos, la originalidad total es un mito. En este sentido, busca un lenguaje poético que desarticula catálogos de términos, clichés o estereotipos frívolos vaciados de significado o usados para simbolizar o describir intencionalmente a la mujer (“flor”, “rosa”), aunque lo nuevo no será siempre lo bueno, y que las palabras novedosas o inventadas deberán contener y expresar los sentimientos y pensamientos propios. Todo ello sin transgredir las normas gramaticales, sintácticas y ortográficas del idioma. Lo original en nuestra vanguardia será la articulación poética con satisfactoria coeficiente estético/artístico. No se puede negar que uno de los riesgos en esa articulación es que el lenguaje poético se coloque por encima del tema o contenido, ocultándolo así. 3. EL INTRÍNGULIS DEL PROYECTO VANGUARDISTA Naturalmente, cuando un proyecto no encaja dentro de los parámetros de la costumbre y lo estimado normal en una cultura hedonista, amoral nietzscheana y anarquista como la nuestra contemporánea se corre el riesgo de muchas cosas; uno es tildárselo de religioso/moralista, reprimido y oscurantista carente de nivel de civilización que niega que lo erótico y lo pasional es inherentes a la esencia humana y ataca con tabúes y prejuicios la anarquía creativa, transgresora, natural y placentera de la creación poética. Evidentemente, estos y otros cargos suelen conducir casi siempre al ninguneo y rechazo. La verdad, no obstante, es que este proyecto vanguardista, contravanguardista, posvanguardista o como desee llamárselo, no obedece sino a aquellas razones ya dichas en mis ensayos anteriores: socio/literarias (género y violencia), teológicas y éticas; estas dos razones últimas, incluso porque la ideología tanto patriarcal como matriarcal — llamo así a aquella autogenerada por la mujer contra ella misma, como ya dije, cuando poetiza sobre su propio placer, sentir y yo sexual— es contraria al Evangelio de Jesucristo y su ética. George Reyes Fundador/Director de la Asociación Actuales Voces de la Poesía Latinoamericana (AVPL). Referencias Aguilar Barbosa, E. (2005). “El sustrato erótico en la poesía de Rubén Darío”. Tesis de Licenciatura. Ciudad de México: UNAM. Calderón, A. (2015). “Reinventar el lirismo: poéticas del yo y ruptura de los códigos de género en la poesía contemporánea”. Hallazgos 24, 109-123. Nietzsche, F. (1998). Crepúsculo de los ídolos. (A. Sánchez Pascual, trad.). Madrid: El Libro de Bolsillo. Reyes, G. (2016). “Epistemología analógica: Hacia una hermenéutica analógica del texto bíblico”. Kairós 58-59, 237-259. Saavedra Gastélum (2018). Anatomía del erotismo en Griselda Álvarez. Ciudad de México: Floricanto. Soní Soto, A. (2007). “César Vallejo y la vanguardia literaria”. Argumentos 055, 187-207.

George A. Reyes

 

Comentarios (1)

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Muy buen artículo estimado George lo voy a compartir en mi cuenta de Facebook Recibe mi saludo desde la ciudad de West Chester. Ernesto

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