Un poco más de lo mismo: La isla bajo el mar

Cuando se habla de una nueva novela de Isabel Allende, antes de leerla ya adivino al menos dos elementos principales de la trama: la mujer (siempre la sufrida, la heroína, la puta, la amante) y el mismo inicio en casi todos sus libros: “soy fulanita de tal”, “me llamo perencejita”, “soy menganita de todos los santos”.

Y es que al amparo de la ficción se cometen irreverencias que suelen ser desastrosas. Tal es el caso de Isabel Allende con “La isla bajo el mar”, su más reciente trabajo literario, publicado por Random House. La obra no ha sido muy bien recibida por la crítica, aunque sí por el público.

“La isla bajo el mar” narra la misma historia de Eva Luna, de Inés Suárez, y de tantas otras mujeres que se han encarnado en la imaginación de Allende, con  la diferencia de los escenarios y de los nombres.

En el caso particular de “La isla bajo el mar”, la mujer sufrida adopta los nombres de Zarité y de Teté. No es más que una negra esclava de la colonia francesa de Saint Domingue (hoy Haití), propiedad de un rico francés llamado Toulouse Valmorain, que luego se traslada a Luisiana, Estados Unidos.

La novela me parece inconsistente desde el principio, y por varias razones. Primero, la trama no se desarrolla en su totalidad en la colonia de Saint Domingue. En el mismo grado, a partir de la segunda parte de la novela (mitad del libro), el escenario se traslada a Luisiana.

Por otro lado las descripciones de Haití parecen como si la autora escribió la obra sin ni siquiera hacer un viaje a la olvidada nación caribeña. Salvo en esta ficción de Allende, no se concibe que en ese país, una tierra compuesta en su mayoría por sistemas montañosos (de ahí el nombre indígena Haití), hayan pantanos, selvas devoradoras de humanos y juglares.

No he querido hacer una lista de las incoherencias que hay en la novela porque serían demasiadas, pero es imposible no mencionar el error que comete la autora al decir que en la isla de La Española haya serpientes venenosas. Lo mismo que una plétora de animales que jamás se han visto en la isla, como el tucán, el buitre carroñero y una especie de mono. Y la excusa de que “es ficción” no se aplica, pues Haití no es un mundo imaginario como el Macondo de Gabriel García Márquez.

Recientemente se ha lanzado una serie de escritores sudamericanos a escribir sobre las islas del Caribe, principalmente sobre Santo Domingo, a partir de la publicación de “La fiesta del chivo”, de Mario Vargas Llosa. Pero la diferencia entre éste y los otros autores es que Vargas Llosa tuvo la delicadeza de ir a República Dominicana a interactuar con el ambiente y la gente de la que pretendía escribir. Y aún así se le colaron algunas imprecisiones. En los casos subsecuentes, como el de Allende, se han cometido barbaridades inadmisibles, únicamente por el empeño de querer escribir acerca de un tema del que no conocen ni investigan.

Isabel Allende es una gran escritora. Eso no se ha de negar. Y por mucho tiempo se seguirá hablando de ella como tal. Pero nadie se imagina a una Allende nominada al premio Nobel o al Cervantes. Y es que su trabajo, prolífico y disciplinado para la demanda industrial, no se sostiene en el tiempo, a excepción de “La casa de los espíritus”, su primera novela; y tal vez “Paula”, un libro autobiográfico en el que narra la vida y muerte de su hija.

En una entrevista que se le hiciera en una de sus tantas presentaciones del libro, específicamente en la ciudad de Madrid, Allende admitió —en un gesto que se podría catalogar de arrogante— que no le importa lo que dice la crítica acerca de los gazapos y de la estructura en general de su reciente novela. Creo que esa imagen de la mujer que Allende quiere transmitir, la daña la propia expresión de tirana con que a veces se expresa la autora.

Finalmente, aquellos lectores que sólo busquen leer sin cuestionamientos una novela contagiosamente romántica, como la historia de “La Cenicienta”, con un príncipe azul y un final feliz, que se tomen un tiempo y se lean la voluminosa “La isla bajo el mar”. Quizás la Zarité de Allende sea un poco más “fogosa” que la humilde Cenicienta, pero el libro no deja de estar tocado por una varita mágica. Si no, que alguien me explique cómo es que se ha vendido tanto.

 

Rafael Rodríguez Hernández

 


Comentarios (3)

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Habrar de esa forma es característicamente Misogino. Está basada en hechos históricos y es un muy buen libro. Ya quisiera Ud escribir asi.

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Primero debiste buscar el significado de la palabra misógino (con acento),y luego lanzar la estupidez que escribiste.

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Una novela que nunca levanta. Leí 118 páginas y la dejé.

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