Reseña del "Manual de Fechorías Sexuales" (Edit Servilibro, Paraguay, 2026)
LA PARTE DEL LEÓN Por Alberto Boco
Cuando un león jefe de la manada huele primero y luego ve acercarse un rival que aspira quedarse con sus dominios y su territorio, se dispone para la lucha. Si el que triunfa es el desafiante, el derrotado marcha hacia un espacio que los humanos, titulares del virus de la palabra, llamamos el exilio. Acto seguido aniquila a toda la prole del vencido, y aquí de nada sirve el intento de las hembras por ocultar a sus cachorros. Todos morirán. De inmediato posee a las hembras y funda un nuevo linaje. Quienes explican este comportamiento afirman que la masacre obedece a que la prole del macho vencedor será genéticamente más fuerte ya que son hijos de quien prevaleció en la lucha. Por la misma razón, afirman, también será mejor protector de la manada y contribuirá a una mejor persistencia o proliferación de la especie. Son animales, diremos. Tal vez ningún ejemplo grafique con más elocuencia la metáfora que conocemos como “la ley de la selva”. Otra conocida fábula con animales da cuenta de la metáfora que refleja un abuso de posición dominante: “la parte del león”. Dicen también que de esta figura deriva la expresión “contrato leonino”. Ni bien iniciado el libro Manual de Fechorías Sexuales, publicado por Servilibro, con autoría compartida por cuatro notables narradores, Alejandro Bovino Maciel, Chiquita Barreto, Amanda Pedrozo y Eugenia Cabral, verdaderos artífices de la palabra, precisamente en su prefacio a cargo de Bovino Maciel, nos encontramos con la metáfora de un león para expresar la idea de lujuria, ese apetito “…desenfrenado de saciar el deseo sexual que es un león, que si no come, nos come” dice Bovino Maciel. Volveremos sobre el tema. Respecto del contenido, iniciamos esta reseña con el tema de la violencia, pero no podemos dejar de señalar que al igual que el deseo sexual en los humanos adquiere rasgos complejos, como sus manifestaciones abarcan múltiples expresiones, tal vez ya no en la condición de fechorías, no faltaron la piedad, la ternura y el amor, concretamente en “El señor Onofre en el cabaret”, último de los cuatro relatos de Bovino Maciel y en “La desaparición de Pepita”, el cuento de Chiquita Barreto. Los primeros cuatro relatos pertenecen a Alejandro Bovino Maciel, también autor del prefacio ya citado y cubren un amplio registro, a saber: en “Caperucito Rojo”, el abuso despiadado y brutal perpetrado por un grupo de rebeldes de las FARC Colombianas a partir del embuste fundado en una causa supuestamente patriótica, destacándose en el texto el impecable y preciso uso de la jerga regional por parte del autor. La mezcla de la necesidad con la falta de escrúpulos en “Competencia Desleal”. Cabe señalar aquí que como disparador de la trama se describe un hecho que hoy golpea hondo en Argentina tal como es la irrupción de productos importados a muy bajo precio, con el consecuente perjuicio de la producción local. El tercero de los relatos, “El osezno de carnaval” nos plantea una situación en la que una mezcla de ingenuidad, ignorancia, deseo y abuso, en el desenfreno de los festejos carnavalescos, es aprovechado por el anonimato que facilita el disfraz, con obvia consecuencia. La cuarta y última narración de Bovino Maciel “El señor Onofre en el cabaret” presenta, como se ha señalado previamente, una escena principal en la que, a diferencia de los tres relatos anteriores de este autor, se muestra la comprensión y la piedad de uno de los personajes ante una situación patética expresada por otro, que se exhibe en estado de extrema tristeza y vulnerabilidad. En “La desaparición de Pepita”, con autoría de Chiquita Barreto, valiéndose de una descripción pródiga en imágenes de figuras delicadamente metaforizadas con maestría retórica, nos presenta la lenta evolución de un apasionado romance entre un hombre y una mujer compañeros de trabajo. Todo comienza con largas y silenciosas miradas, con extensas caminatas sin palabras, hasta concluir en un intenso encuentro de los cuerpos, una escena cargada de ternura, sensualidad y pasión amorosa. La participación de Amanda Pedrozo en este libro presenta tres escenarios diferentes. En su cuento “Patulá” describe la vieja costumbre de la visita “cronometrada” del “novio oficial” a la casa de la novia desde la mirada de una niña, en tiempos en que la educación sentimental estaba en manos del azar y las circunstancias, unidos a la represión que operaba en los modos de la vigilancia sobre el candidato y la hipocresía detrás de esas conductas. En el segundo relato titulado “Nina” nos encontramos con varios aspectos de la realidad prostibularia narrados en clave costumbrista, una verdadera síntesis del abuso naturalizado donde dicha naturalización puede abarcar tanto crueldad como dulzura y constituye además una verdadera disección sociológica, una síntesis histórica de la evolución y el aprendizaje de una madama exitosa. Además, describe un panorama que sin duda sobrevive en nuestros días, aunque la temporalidad del relato lo sitúe en un tiempo ya pasado. Narra la historia de Nina hasta llegar a la condición de madama del prostíbulo del pueblo, la situación social que la condujo hasta allí, la pobreza que hace que una madre entregue a su hija niña a un supuesto protector que le dará una vida mejor, el abuso, la brutalidad y la ignorancia como factores naturalizados, pintados con pluma ágil, sentido del humor y la crudeza que dicha realidad conlleva. En “El Chupete”, tercera y última narración de Pedrozo, asistimos a la brutalidad con que los adultos solían (y suelen aún) reprimir en los niños y niñas de muy corta edad, los más inocentes juegos tempranos del sexo; no es novedad que detrás de la represión del deseo se censure implícitamente la búsqueda del placer y la libertad de hacerlo, ya desde la cuna, como nos muestra este relato. Por su parte, en “Los susurros de Susana, Eugenia Cabral relata con maestría y nítida prosa la venta del cuerpo de la protagonista para paliar una necesidad perentoria y el abuso “consensuado” en una situación claramente asimétrica, donde se pone en juego la dupla poder–necesidad, para nada trágica en el sentido griego de la tragedia como destino ineluctable, si no, aquí, como drama social. “Eso sí, al sueldo Susana se lo seguiría ganando como siempre. La discreción ante todo”, nos dice la autora al cerrar el relato. Luego, en “Tejo”, Cabral nos pone en la piel de dos trabajadoras sexuales que, como pensando en voz alta, nos relatan los avatares reales de la vieja profesión, la historia de las protagonistas y el vínculo presente de compañeras de trabajo que viene desde una niñez de pobreza, cuando eran compañeras de escuela, poniendo de manifiesto, casi como al pasar, las prácticas corruptas de la policía, la crudeza del entorno social y la ruda ternura del vínculo entre las dos amigas. No en vano, quienes conocen a la autora saben de su extensa y consecuente militancia en favor de las causas sociales que pone en evidencia con toda claridad e intención en los tres relatos con los que participa en este libro, bien distantes los tres del burdo panfleto. La última narración de Cabral, “Temblor”, que también cierra el libro, se ambienta en el peor momento de la noche dictatorial argentina 1976-83; es el año 1977. Los hechos transcurren en una noche de ese verano entre un grupo de militantes políticos con distinto grado de compromiso. Allí la autora nos muestra cómo, en una mezcla de desesperación por el agobiante contexto y la degradación de algunos de los personajes, se ha naturalizado (nuevamente la naturalización, como en otros relatos de este excelente libro) y justificado la violencia que campeaba a sus anchas en todos los ámbitos de en la sociedad argentina de ese momento, también en la militancia que desde sus principios aspiraba a cambiar el mundo. El final, que da origen al título del relato, opera como verdadera metáfora del tembladeral que en la dimensión personal afectaba a los personajes y en sentido amplio atravesaba nuestra dolida patria Argentina. Debemos señalar que otra característica que aparece en varios de los relatos es el humor, la ironía, el patetismo y también la hipocresía que suele encubrir lo que todos saben, pero hacen como si no. Volviendo al principio de esta reseña y más allá de la violencia explícita ¿qué podemos decir de algo que parece ser una cosa pero es otra, si en ese cambio de apariencia hay una intención que perjudica al incauto, o a quien no tiene suficiente información para distinguir la paja del trigo y a la vez favorece a quien, adrede, diseñó la fábula que produce la confusión? ¿Podemos afirmar que se trata de una forma encubierta de violencia? La metáfora del león con que comenzamos esta nota refiere a la violencia bruta del más fuerte sobre el más débil, pero no olvidemos que, en términos de selva y de su famosa ley, hay cazadores que se valen de notables artimañas para engañar a sus víctimas, modos animales de expresar lo que los humanos conocemos como astucia, una forma básica, brutal a veces, de manifestación de la inteligencia. Cuando el animal humano desarrolla su más distintiva herramienta, la belleza del lenguaje, el uso inteligente de la palabra, junto a sus virtudes desarrollará también la sofisticación de dichas “artimañas”. Es cuando aparecen sin violencia física, pero sin duda como conductas abusivas y violentas, en medio de remilgos, ignorancia, prejuicios y amenazas, las mil artes del engaño y la manipulación impulsados por el insaciable motor del deseo, y entre los más poderosos, del deseo sexual. Muy acertadamente los autores han elegido para el título la palabra “fechorías”. Estamos frente a un libro que, leído con profundidad y detenimiento, tiene como cualidades destacables hacernos reflexionar sobre la hermosa, ambigua e irrefrenable maquinaria del deseo en su dimensión sexual y hacernos disfrutar de la lectura de un grupo de voces que producen belleza, originalidad y calidad literaria en un tema que ha sido vastamente transitado por la literatura de todos los tiempos. Bienvenido sea entonces esta puesta a consideración del lector que ofrece el sello editorial Servilibro 2026. ISBN 978-99989-996-5-7 Alberto Boco Escritor argentino (Buenos Aires, 1949). Ha publicado los poemarios Arcas o pequeñas señales (1986), Galería de ecos (1989), Ausentes con aviso (1997), Cartas para Beb (2007), Riachuelo (2008), Malena (2012), Estación de nosotros (2014), Visitas inoportunas (2014) y Para un programa de disolución y otros textos (2016). Poemas suyos han sido publicados en Rio Grande Review (Universidad de Texas at El Paso, Estados Unidos), Nagari Magazine (Miami, Estados Unidos) y Litoral Magazine (Reino Unido), así como en revistas literarias de Colombia, Brasil y Rumania. Ha recibido, entre otras distinciones, el Primer Premio en el Primer Concurso Nacional de Poesía César Domingo Sioli (Argentina). Ha publicado artículos y reseñas en revistas literarias impresas y virtuales de Argentina y otros países. Ha sido seleccionado como voluntario para coordinar talleres literarios en unidades penitenciarias de la provincia de Buenos Aires.
Alejandro Bovino Maciel











