Sauron, Trump y el reflejo de la realidad en la Literatura

Sauron, Trump y el reflejo de la realidad en la Literatura

¿Y si la fantasía fuera en realidad una advertencia sobre el mundo que habitamos? J. R. R. Tolkien escribió El Señor de los Anillos mucho antes de que Donald Trump llegara a la presidencia de Estados Unidos. Sin embargo, al observar algunos de los acontecimientos de nuestro tiempo, resulta inevitable encontrar paralelismos entre la figura de Sauron, el Señor Oscuro, y ciertas formas contemporáneas de ejercer el poder. No se trata de afirmar que un personaje fantástico y un presidente sean lo mismo. La literatura no necesita reproducir la realidad de manera exacta para ayudarnos a comprenderla. A veces basta con ofrecernos un espejo incómodo. Sauron no busca simplemente gobernar Mordor. Su aspiración es someter a los pueblos de la Tierra Media a una voluntad única. El Anillo Único representa esa ambición: concentrar el poder, someter las diferencias y eliminar cualquier resistencia que amenace su dominio. En la política contemporánea, las preocupaciones sobre la concentración del poder ejecutivo, el debilitamiento de los contrapesos institucionales y la confrontación con los adversarios permiten establecer una analogía con esa aspiración de dominio. Durante las presidencias de Trump, estos temas han ocupado un lugar central en el debate público estadounidense. Pero ¿dónde comienza realmente la semejanza? Quizá en la manera de construir un relato. En la Tierra Media, el poder de Sauron no depende únicamente de sus ejércitos. También se alimenta del miedo, la desesperanza y la división. Cuando los pueblos dejan de confiar entre sí, cuando cada diferencia se convierte en una amenaza y cuando el enemigo parece estar en todas partes, la realidad se vuelve confusa, y tomar conciencia de nuestro contexto se vuelve mucho más difícil. El discurso de Trump presenta a EEUU como víctima de amenazas constantes, identifica adversarios internos y divide a la sociedad entre quienes pertenecen y quienes supuestamente ponen en peligro el futuro de los estadounidenses. Sus partidarios lo interpretan como una defensa necesaria de los intereses nacionales; sus críticos como un riesgo de polarización y exclusión. La literatura nos invita a observar estos mecanismos sin aceptar automáticamente ninguna interpretación. Nos enseña a preguntar quién construye el relato, a quién beneficia y qué consecuencias tiene para quienes quedan fuera de él. El Anillo Único ofrece otra lección: el poder también puede corromper a quienes creen utilizarlo por una buena causa. En la obra de Tolkien, incluso personajes nobles comprenden que no basta con arrebatarle el instrumento de dominación al enemigo. Utilizarlo para combatir el mal podría convertirlos en una nueva versión de aquello que desean destruir, y esto parece ajustarse al contexto mexicano, que cada día se vuelve más preocupante por la pasividad de su pueblo. Esta idea trasciende la fantasía. En cualquier sociedad, la defensa de una causa puede convertirse en una justificación para ignorar las reglas, despreciar a los adversarios o concentrar una autoridad que debería tener límites. Por eso, la pregunta no es solamente quién ejerce el poder, sino qué límites acepta y qué derechos está dispuesto a respetar. Sin embargo, El señor de los anillos no es únicamente una advertencia sobre la oscuridad. También es una celebración de la resistencia, la amistad y la responsabilidad compartida. Frodo no derrota a Sauron mediante una fuerza superior. La Comunidad del Anillo reúne personajes diferentes que, pese a sus desacuerdos, comprenden que existe algo más importante que sus intereses individuales. Gandalf representa la importancia de la memoria y la sabiduría; Aragorn, la responsabilidad que acompaña al liderazgo; y Sam nos recuerda que los actos aparentemente pequeños pueden sostener una misión extraordinaria. En una democracia, esa resistencia no se traduce en una batalla épica ni en la búsqueda de un héroe infalible. Se expresa mediante instituciones que funcionan, ciudadanía informada, libertad de expresión, participación pública y disposición a cuestionar a quienes gobiernan, incluso cuando pertenecen a nuestro propio bando. Tal vez esa sea una de las mayores virtudes de la literatura: permitirnos imaginar las consecuencias de nuestras decisiones antes de que tengamos que enfrentarlas en carne propia. Leer no significa buscar equivalencias perfectas entre la ficción y la realidad de nuestro contexto. Significa reconocer que las ambiciones humanas, la tentación del poder, el miedo a lo diferente y la lucha por la libertad son temas que nos ocupan desde hace siglos. La fantasía habla de dragones, anillos y reinos lejanos. La realidad tiene discursos, elecciones, gobiernos e instituciones. Pero ambas pueden plantearnos preguntas semejantes. Porque quizá el verdadero valor de una historia no esté en permitirnos escapar del mundo, sino en ayudarnos a regresar a él con una mirada más crítica. Hoy más que nunca necesitamos leer, necesitamos de una luz que nos aleje de este nuevo oscurantismo en el que estamos cayendo.

Sergio Haro Alcaraz Guadalajara Jalisco a 11 de octubre de 2026

 


Comentarios (0)

No hay comentarios escritos aquí

Deja tus comentarios

  1. Al enviar comentario, manifiestas que conoces nuestra política de privacidad
Archivos adjuntos (0 / 3)
Compartir su ubicación

Te puede interesar

CursosCursosCursos de formación, escritura creativa.
Concursos LiterariosConcursos Literarios España y Latinoamérica
librosLibros Publicita tus libros
BiografíasBiografíasBiografías de escritores.
Recursos para escritoresRecursosRecursos para escritores
¿buscas editor?Publicar¿Deseas publicar?
AsesoríaAsesoríaAsesoría literaria. Informes, Correcciones

Cursos

banner cursos escritores org v

Asesoría

banner escritores asesoria v2

Datos de contacto

Escritores.org

CIF:  B61195087

  • Email: info@escritores.org
  • Web: www.escritores.org
  • © 1996 - 2026