LA CONTRACULTURA

LA CONTRACULTURA

Ángel Medina

“Siempre ha habido analfabetos, pero la incultura y la ignorancia siempre se había vivido como una vergüenza; nunca como ahora la gente había presumido de no haberse leído un puto libro en su jodida vida. De no importarle nada que pueda oler levemente a cultura. Los analfabetos de hoy son los peores, porque en la mayoría de los casos han tenido acceso a la educación; saben leer y escribir, pero no ejercen. Cada día son más y cada día el mercado los cuida más y piensa más en ellos. La televisión cada vez se hace más a su medida; las parrillas de los distintos canales compiten en ofrecer programas pensados para una gente que no lee, que no entiende, que pasa de la cultura, que quiere que la diviertan o que la distraigan, aunque sea con los crímenes más brutales o con los más sucios trapos de portera. El mundo entero se está creando a la medida de esta nueva mayoría, amigos. Todo es superficial, frívolo, elemental, primario para que ellos puedan entenderlo y digerirlo. Esos son socialmente la nueva clase dominante, aunque siempre será la clase dominada, precisamente por su analfabetismo y su incultura, la que impone su falta de gusto y sus morbosas reglas. Y así nos va a los que no nos conformamos con tan poco; a los que aspiramos a un poco más de profundidad. Un poquito más, hombre, un poquito más, un poquito más, hombre”. (Transcripción literal de uno de aquellos soliloquios televisivos inolvidables del periodista español Jesús Quintero, “El loco de la colina”, desaparecido hace unos días) Tamañas verdades no caben en un papel. “Prefiero el conocimiento a la riqueza, ya que lo primero es perenne y lo segundo es caduco”, que nos diría Sócrates. Y es que para conocer de la manera más sólida posible hay que llegar a formarse la propia opinión, y la opinión procede de la formación y ésta de la información. Pero…¡ojo con esa información! Un camino que a veces se puede antojar penoso, y en consecuencia se acaba optando por quedarse con lo primero con lo que nos machacan las neuronas. Díganme si no, qué quieren decir las palabras de un expresidente de gobierno que aparece junto a otros dos ramas del mismo árbol, cuando dice: “La verdad es aquello que creen los ciudadanos” (curiosa afirmación, que tomada en su literalidad equivaldría a ser respondida con algo como esto: “Si usted cree ser un pájaro, súbase a un monte y échese a volar”.¡A ver qué pasa con esa clase de credulidad!). Claro, que también puede entenderse como que lo creíble es lo que se nos dice hasta la saciedad como un mantra y acaba siendo tomada como verdad, por falsedad que contenga) Analfabetos ciertamente los hay. No sólo en la masa, sino en miembros elegidos por ella para su representación. Hoy, quien no nutre el conocimiento en un país englobado en el primer mundo es porque no le da la gana. Podrá haber estudiado más o menos, pero incluso tiene el recurso de la Wikipedia. Aunque siendo esto grave, no para la cosa ahí. Se puede ser iletrado en el saber de cosas, pero todavía es peor cuando el conocimiento que está en una mollera es aquel que pertenece a lo zafio, a lo más primitivo de los instintos. Y esta patanería es la que lanzan a los cuatro vientos determinados programas televisivos donde no hay otro leit motiv que acabar en el tálamo.¿Quieres ser libre, muchacho, muchacha, “muchaches”? (permítaseme el atrevimiento de utilizar este nuevo lenguaje que nos quiere imponer los in-culturizados filólogos-as-es)—vienen a decirnos—¡Pues, te damos lo que quieres! ¿Qué cómo te atraigo, de igual manera que teje la araña su tela empalagosa? Pues con lo que tu instinto te grita: Sexo. Sexo y más sexo. No ya uno con otra, sino que se vende la promiscuidad desde los programas televisivos de rabioso progresismo. Y lo que desde siempre ha pertenecido a la esfera de la privacidad, de lo íntimo, ahora aparece en la pequeña pantalla uno-una-une, que no se conocen de nada y la primera pregunta que se formulan mutuamente es la de ¿cómo funcionas en la cama? ¡Ojo, sin que la edad, por provecta que sea se constituya en impedimento alguno! Y es que la sociedad está mediatizada y los que” venden” un determinado producto ya se encargan de que sea consumido, anatemizando la opinión pública, señalándola con el dedo de antigualla si se sale del guión pre-establecido. Lo que se dice del respeto humano. Aunque no crean ustedes que la cosa para ahí. Y es que, esto de la sexualidad sin seso no es cuestión baladí. Ahí tenemos la movida promovida desde la prepotencia del poder des- ilustrado mediante leyes y decretazos, quizá porque creen que lo bueno es lo rabiosamente progre, y para ello hacen uso de los medios que acaparan, tratando de manipular a las masas, abogando por el mantenimiento de las relaciones sexuales con los menores con tal de que sean consentidas. Pregunta: ¿Cómo se determina qué es ser menor? Hemos de suponer, será en función de la edad. Vamos, cuando se adquiere determinada madurez. Y aquí se nos presenta una duda de enorme calado. Porque, el método por el que se determina la edad―según el Estado español― va en función de un examen físico, que consiste en la toma de medidas antropométricas (¿…?), así como de los caracteres sexuales secundarios, teniendo cabida en el varón el aumento del tamaño de los testículos y posteriormente del pene (datos procedentes de “Extremadura Salud”). Luego, ¿ser menor fluctúa según esté el niño más o menos dotado? (El personaje del Decamerón debió de dejar de ser un niño muy prematuramente, a juzgar por sus ·medidas”). Ironías aparte, ¿qué decir de la madurez? ¿qué del grado de inteligencia? ¿Acaso es adulto el superdotado, aunque carezca del suficiente grado de razonamiento? ¿O un menor, se dejará guiar por su deseo de satisfacción de lo que pueda en un determinado momento desear o necesitar― llámese golosina o nota para aprobar un examen― y podrá consentir en la relación sexual? ¿No es esto abonar el terreno a la pederastia? ¿Y cómo no citar la Ley Trans? La cifra de adolescentes que reclaman el cambio de sexo se ha multiplicado por la ideologización y la propaganda que se está haciendo. Antes, decían serlo uno o dos personas por año; ahora, según la psiquiatría se manifiestan el 15 o el 20%. El problema es que no se valora la opinión clínica, y si se le deniega podrán acudir a centros privados para ser hormonados, algo de difícil marcha atrás, cuando no es irreversible. Los Psiquiatras estallan contra la Ley. “Puede— dicen — traer mucho dolor y arrepentimiento a muchas personas”. Y las principales sociedades de salud mental de España, además de la de Endocrinología y el Colegio Médico de Madrid critican la ley: “Hay una avalancha de jóvenes con trastornos que buscan en lo “trans” una solución mágica” Es la estulticia la que permite a la masa ávida de sexo que no asuma la responsabilidad de sus actos. Baratija política. Algo así decía aquel teórico del erotismo W. Reich: “Para que el goce sea perfecto ha de desconectarse de sus consecuencias”. Y así, si se presenta un embarazo no deseado, se le elimina. La inepcia de unos adultos, que como argumentación pregonan que el embrión es parte del cuerpo de la madre, y por tanto puede decidir qué hacer con él les lleva a abortar al indefenso e inocente. La ignorancia, cuando no la manipulación interesada no tiene límites. Y la ley— baratija política— sanciona el acto y aquí no ha pasado nada.¿Qué hay detrás de todo esto? Nuevas ideologías. Se trata de des-construir la sociedad. Para captar posibles votantes que afiancen el nuevo poder. Por eso, si se vacía al hombre de ideas y se les introduce otras nuevas basadas en el hedonismo y la desinformación, la sociedad corre el riesgo de quedar inerme.¿Por qué se combate, incluso los valores, no sólo éticos, sino también religiosos? A poco que se quiera mirar al toro de frente podrá advertirse que la nueva política, disfrazada de Caperucita, en realidad es el Lobo. La ideología de género considera que la religión es un impedimento para crear un nuevo orden. El suyo propio. Y, por tanto, hay que desideologizar a la persona y degradarla hasta convertirse en masa, y para eso se procura confundir, manipular. Y como complemento, la televisión basura. Los medios de la voz de su amo. —Y no nos engañemos. En tanto que el que detenta el poder pueda hacer lo que le venga en gana en aras de sus intereses, personales o partidistas, y al término del mandato no tenga que responder de lo que ha hecho, bien sea para que se le reconozcan los méritos y se le pueda conceder alguna prebenda moral, o, por el contrario, si lo hizo mal responder por sus desmanes, las tropelías seguirán siendo moneda de cambio. Si todo vale para el que manda, mal vamos. Eso sí, absténgase de robar una gallina que puede caerla pena de cárcel. (Esto vale también para otros países, donde unos empiezan a considerar el error cometido y otros abren sus puertas a cometerlo) Y así, aquellos que creen dominar al mundo, de dominantes se convierten en dominados. Son legión. Y lo peor es que se sienten confortablemente en ese torbellino que es mitad pasiones y mitad manipulación. Y como cada vez se va engrosando el número de adictos a esa nada que para ellos sabe a mucho, al gritar la masa el eco se va expandiendo más y más. Vamos, que confunden la cantidad con la calidad, hasta aletargar, no ya los sentidos, sino incluso a ellos mismos.¡Vamos, hombre! ― nos echarán en cara―¡Sea usted progre! ¡Y, ahora, grite con nosotros: viva la progresía! ¡Más alto! ¡No sea timorato! Y así nos va, a los que no comulgamos con esas ruedas de molinos. 


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