OSHA-IFÁ EN LA ERA DE LA POSVERDAD

OSHA-IFÁ EN LA ERA DE LA POSVERDAD

(Un acercamiento a la práctica de la religión afrocubana)

Por Toni Más

A Isaac Larrondo, Awo Ika (Afefe) Iwori, igbae…, mi padre espiritual y eterno Maestro. “(…), teoría por teoría, nos parece que, los Yoruba, mejor que los etnólogos, han sabido sacar a la luz el espíritu de instituciones y de reglas que, en su sociedad como en muchas otras, ofrecen un carácter intelectual y premeditado.” “Toda clasificación es superior al caos.” El pensamiento salvaje Claude Lévi-Strauss 2005 fue el año en que la UNESCO proclamó, al sistema oracular de Ifá, como Patrimonio Cultural Intangible (Inmaterial) de la Humanidad, y en el 2008 lo registra en sus listas. En paralelo, su corpus literario (que incluye mitos, leyendas, fábulas, entre otros géneros estéticos) su rica liturgia (combinada entre oríkis y suyeres: rezos y cantos) su tratado etológico, paremiológico, botánico y de medicina tradicional componen un vasto corpus filosófico, que categoriza como Pieza Maestra de la Cultura Universal. Casi todos sabemos que Ifá se basa en un sistema binario de carácter oracular, compuesto por 256 signos, oddun, o patakies, para la religión, en general. 256 byte o conjuntos de 8 bits, para la computación, también perfiles psicológicos para la psicología, o para nosotros, los iniciados, el código cifrado de nuestra energía primordial o destino más profundo. Según parece, su corpus literario, de forma arquetípica, contempla todo evento y acontecimiento pasado, presente y porvenir, a manera de un mapa genético del universo visible e invisible. Por eso los antiguos africanos, otrora reyes y esclavizados sin recursos, ahora, que adecuaron a la perfección el sistema a la realidad cubana del siglo XIX; en un entorno occidentalizado, durante más de 300 años, por una Europa que ya había pasado por la Revolución industrial y la Revolución francesa; constataron y predicaron que, más que una religión, Ifá era una ciencia. La Osha y el mundo de los Orishas, con su altísima numerología, fue el derrotero final del principio de su expansión al mundo viajando desde Egipto, atravesando un largo y crudo desierto, hasta llegar a Ife, como describe su pasado mitológico en su primer signo Baba Ejiogbe. Al parecer, los conceptos de afrocubano y transculturación, acuñados por el sabio Fernando Ortiz (n. La Habana, Cuba, 16 de julio de 1881 - f. ib., 10 de abril de 1969), resultan uno, el padre de todas las denominaciones afro que serían utilizadas luego, por ejemplo: afroamericano, afrocaribeño, afronorteamericano, etc. Y, el otro, el término que mejor define al complejo, dramático y, también, trágico fenómeno de mestizaje etnocultural dado en América. Su aporte abrió las puertas a Lydia Cabrera (1899- 1991) Rómulo Lachatañeré (1909-1951), Alejo Carpentier (1904- 1980) Natalia Bolívar (1934) y un sin número de investigadores que enriquecieron su legado. La curiosa circunstancia de que en una pequeña isla se condensaran, entre otras, tres vastas culturas de origen continental, junto a las ya consabidas europeas, fue quizá el hecho que sedujo a este genio de la etnografía cubana y universal, a cuya obra, el pasado 2019, se le confirió la categoría de Patrimonio Cultural de la Nación. La cultura de los Yoruba, que incluye a los Iyesá, y relativamente sincretizada con los Arará, junto a los Bantúes y los Carabalíes, con mayor o menor grado de “pureza” unas que otras, hicieron de Cuba un exquisito laboratorio humano, para el investigador serio y desprejuiciado interesado en el fenómeno sociocultural, etnológico y etnográfico de la migración africana en el Caribe y América. Esto es un capítulo aparte en sí mismo. La letra del año y su linaje fundador. La ceremonia más trascendental y relevante, de todas las ramas y todos los practicantes del sistema o culto de Osha-Ifá, en Cuba y para toda la diáspora de la cultura afrocubana en el Caribe, USA y Europa, es la ceremonia de la Letra del Año. Esta profecía, a través del oráculo de Ifá y la mediación de Orunmila, es la comunicación más profunda de los Orishas para las familias de Santo (Regla de Osha) y creyentes, por el transcurso de 12 meses. Y en ella quedan determinadas cuales obras, ceremonias o Ebbós deben hacerse, para evitar posibles tragedias o imprevistos adversos a escala personal, social y climatológica, en general. En Cuba, hasta el 2015 se sacaban 2 letras, en Estados unidos 5, y en Venezuela 3. Esta compleja y completa profecía, comenzó a sacarse a finales del siglo XIX, sin poder precisarse fecha exacta. Ciertos datos y documentos revelan que, Babalawos procedentes de las diferentes ramas religiosas de todo el país, comenzaron a reunirse para efectuar, con el mayor rigor, las ceremonias establecidas que concluían el 1ro de enero. Según parece averiguado, la primera Letra del Año que se realizó en Cuba, a finales del 1800, la dirigió el Babalawo Remigio Herrera, Adeshina, Obara Meyi, junto Oluguere - Oyeku Meyi y Ño Carlos Ade Bi, Ojuani Boká, todos de origen africano, apoyados por Marcos García - Ifalola Baba Ejiogbe, Eulogio Rodríguez - Tata Gaitán Ogunda Fún, José Carmen Batista – Ogbe weñe, Salvador Montalvo - Okaran Meji, Bernardo Rojas – Irete untendi En el año 1902, por problemas de salud de Adeshina, Tata Gaitán asume la responsabilidad de la Letra del Año, apoyado por los Babalawos antes mencionados y, participando, además, Secundino Crucet – Osa Loforbeyó, Bernabé Menocal - Baba Ejiogbe, Quintín García – Otura Niko, José Asunción Villalonga – Ogunda Masá. Adeshina muere en el año 1906 y Bernardo Rojas se convierte en su sucesor, heredando las deidades mayores de su padrino y, bajo la tutela de Tata Gaitán, asume la dirección de la Letra del Año. Con Bernardo Rojas, y los Babalawos mayores mencionados con anterioridad, se mantuvo dicha ceremonia, muy discretamente. Fue entre los años, 1948 al 52, que se incrementó contando con el apoyo y la participación de Juan Antonio Ariosa – Ogbe Tua, Joaquín Salazar – Osa Loforbeyó, Cornelio Vidal – Ogbe She, Miguel Febles – Odi Ka, Aurelio Estrada (Babel) - Baba Ejiogbe. El gobierno imperante consideraba todo tipo de creencias africanas como un delito común, dentro del código penal, y por esta razón en algunos que otros años se trataba de disminuir la participación masiva de Babalawos por lo que se invitaban a los jefes de familia con sólo uno de sus ahijados. Al fallecer Bernardo Rojas, en 1959, el Dr. José Herrera, sucesor de Bernardo, hereda las deidades de Adeshina y la responsabilidad de la Letra del Año, pero cede esta tarea a Joaquín Salazar, el Babalawo mayor y Obá de la rama. Posteriormente, Joaquín Salazar y otros mayores se dieron a la tarea de reorganizar nuevamente las ramas tradicionales existentes y de esta forma volver a ampliar la participación en la Letra del Año a todos los Babalawos. En 1986, ante una distensión religiosa que el gobierno revolucionario cubano facilitó, bajo la guía espiritual del, a la fecha, ya difunto genio Olwo Miguel Febles Padrón, awó Odi Ka, un grupo de babalawos reinició la ceremonia cumpliendo con la ecléctica metodología original de sus fundadores africanos. Ese grupo se constituyó como Comisión Organizadora de la Letra del Año y estuvo integrada, en sus inicios, por los distinguidos sacerdotes de Ifá olwo Lázaro Marquetti, awó Okana Wete, el olwo Frank Cabrera, awó Ogbe She, Lázaro Cuesta Iwori Bofún y otros. En 1987, el Oní de Ife viaja a Cuba y hace entrega pública de una “vara de autoridad” al sacerdote de Ifá Filiberto O´Farrill, quien junto a Manolo Ibáñez y Antonio Castañeda logran que el Estado cubano, en 1992, reconozca y posibilite la fundación de la Asociación Cultural Yoruba de Cuba y, también, sacaban una letra del año. Presidida, inicialmente, por Manuel Ibáñez, al fallecer este, y hasta el 2014, es dirigida por Antonio Castañeda, quien fuera diputado de la Asamblea del Poder Popular en Cuba. Tras el deceso de Castañeda, esta asociación hoy la dirige José Manuel Andino awó Ogbe Yonu. Desde que surgieron las dos “Letras”, fue aspiración del religioso común que sólo exista una y no la diversidad que confunde, divide y obstaculiza su comprensión general como orientación profética. De este sentir se han hecho eco numerosos babalawos que, en ambas agrupaciones, optaron por la unificación, fieles a Ifá y a sus sabios consejos, en donde reza “en la unión está la fuerza” que nace en el oddun Ogunda Meyi y es conocido en el oddun Ogunda Masá. Unificadas, desde el 2015 para la obtención de la profecía anual, esta organización posibilita que hoy tengan filiales en 26 países del mundo. La cuasi eterna “posverdad” Ese adefesio intelectual, como dijera Borges de la Santísima Trinidad, que tomo, ahora, para referir a la “cultura occidental”, mezcla de cultura greco-latina y judeo-cristiana, mantiene una férrea hegemonía, a pesar de su legado plagado de antagonismos éticos que rayan en el sofisma puro o en una filosofía del discurso por el discurso. Quizá fue siempre una expresión asintomática de la cuasi eterna posverdad. Otra vez, Borges, refiriéndose a la filosofía occidental, define: “la filosofía es una forma más de la literatura de ficción”. Los debates clásicos, de la más general de las ciencias, tales como ¿qué es lo primordial materia o idea, el ser o el pensar?, la posible muerte y/o eternidad de Dios, el fin de la historia, etc. son preceptos que encallan y se supeditan a un principio del gran mercado actual: “la obsolescencia programada”. Toda creación, o reflexión humana, (hecha mercancía) debe consumirse y desecharse en un tiempo prudencial, para dar paso a la ilusión de otra más novedosa. Pensamientos contemporáneos y radicalmente opuestos como los de Ayn Rand (2/2/1905-6/3/1982), filósofa rusa-norteamericana y Hannah Arendt (16/10/1906-4/12/1975), filósofa alemana-norteamericana, Marx (5/5/1811-14/3/1883) y Nietzsche 15/10/1844-25/8/1900), de la actual Alemania, Epicuro (341-270 a.C) y Zenón (495-430 a.C), ambos griegos, también dan muestra de esto. Vulgarizando el tema, podríamos aludir a la propaganda y publicidad engañosas, los think tank (tanques de pensamiento) que manipulan constantemente mitos, historia y realidad, a través de los medios de comunicación masivos, y a la cuasi institucionalización del discurso político falaz, como sustentos de las guerras y masacres, por recursos naturales o zonas estratégicas, justificativos de la cleptocracia y la aporofobia. Quizá, con la lenta destrucción de la biblioteca de Alejandría; cuna del saber antiguo en el mismo Egipto, iniciada, aproximadamente, en el año 47 a.n.e debido a diversas invasiones y desastres naturales; comenzó a relativizarse el valor de lo verdad, de la sabiduría, y a instalarse el conocimiento fáctico, efímero, en función de un grupo de poder, por demás belicoso y genocida, siempre impulsado por la codicia y apoyado por una cíclica ignorancia fundamentalista, pseudocientífica y oscurantista. Quizá, con el atroz femicidio de la genial filósofa, matemática y astrónoma griega Hipatía de Alejandría; en el 415 d.n.e a manos de fanáticos cristianos, y truncado su brillante magisterio público extensivo a egipcios, judíos, paganos, romanos y cristianos por igual; simbólicamente se selló el destino de aquella biblioteca de la cual ella y su padre formaban parte. El sistema solar se apagaría, para aquellas antiguas civilizaciones que, debido a su vasto conocimiento astronómico, conocían la forma esférica de la tierra, y comenzarían casi mil años de oscuridad geocéntrica y plana, de fobia al baño lustral y de nuevas pestes y epidemias arrasadoras. Como dice Ifá, en el oddun Okana Yeku: “el tablero cuadrado quiso ser más que el tablero redondo” e igualmente sentencia, en Obara Irete: “cuando la verdad llega la mentira baja la cabeza, se abochorna y se va”. Y, en Otrupon Odi: la palabra de Orunmila nunca cae al suelo”. La posverdad, también pasará. Y la insondable y futurista arquitectura de los teocalis mesoamericanos, junto a las pirámides egipcias, nos sobrevivirá como a otras tantas civilizaciones. Siempre custodiadas, estas milenarias maravillas del Sahara, por el Enigmático Acertijo de la Esfinge y el mito incólume de Edipo Rey, pilares del teatro clásico de Grecia y Roma, también con un claro y olvidado origen africano en la génesis de su matriz.

 

 

 


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