El escritor

El escritor

Escribir no es una cuestión de libre albedrío, es un acto de supervivencia.

                                              Paul Auster

            Cuando pienso en la figura del escritor pienso en Piglia; en los tres volúmenes de Los diarios de Emilio Renzi, ese archivo poroso, inacabado, que dice lo real y lo escamotea, que se abisma en la ficción al punto de presentarse como el registro de Emilio Renzi, pero también de Piglia porque Renzi, personaje que atraviesa su obra, también es Piglia. El escritor entiende que la ficción permea lo real y lo seduce,  como enseñaron Macedonio y Borges.

La escritura que recorre su vida oscila, así, entre los hechos y los deseos, en el corredor fascinante que rastrea lo posible; toda buena literatura desanda esos márgenes: esa es la lección pigliana. Pero además cobija, entre los comentarios de la cronología diaria, desde 1957 hasta el final, textos publicados e inéditos, reescritos a veces, como obedeciendo a la noción del texto inconcluso o, mejor, a lo inconcluso del texto. El registro de la vivencia cotidiana se cruza con la escritura literaria tejiendo la trama en la que diario, texto y lectura son gestos complementarios de una misma experiencia existencial.

La primera escena del Diario funda este dispositivo múltiple: el recuerdo infantil de Renzi sentado frente a la estación de Adrogué, leyendo un libro el mismo día que había aprendido a leer:

“Yo estaba ahí, en el umbral, haciéndome ver, cuando de pronto una larga sombra se inclinó y me dijo que tenía el libro al revés” (1)

Renzi, como bromeando, desea suponer que es Borges quien le hace la advertencia cuando niño (“¿A quién sino al viejo Borges se le puede ocurrir?”). Es Piglia, detrás de la escritura, quien liga anécdota y destino, el sitio y el nombre, en la indiferenciación que allana la verosimilitud. El hecho fundante ya aconteció, y aparece entonces la interrogación:

“¿Cómo se convierte alguien en escritor, o es convertido en escritor? No es una vocación, a quién se le ocurre, no es una decisión, tampoco, se parece más bien a una manía, un hábito, una adicción” (2)

Avanzando en la cronología del Diario, antes de la primera publicación y mucho antes del prestigio social, entre incertidumbres laborales y económicas, Renzi/ Piglia se afirma en la convicción inamovible:

“Tengo que comprender que solo mi literatura interesa y que aquello que se le opone (en mi cabeza o en mi imaginación) debe ser dejado de lado y abandonado como he hecho siempre desde el principio. Esa es mi única lección moral. Lo demás pertenece a un mundo que no es el mío. Soy alguien que se ha jugado la vida a una sola baraja” (3)  

Los volúmenes del Diario no hacen otra cosa que confirmar la convicción del escritor, incluso diferenciando entre el escribir, como obsesiva disposición para comprender al mundo y al hombre en el mundo desde la arena del lenguaje, y el ser escritor, a veces más ligado a la exposición pública.

En el final de la enorme obra pigliana, convertida ya en zona de pasaje y en aparato de relectura de toda su producción, el hombre, enfermo e inmóvil, escribe las últimas líneas de su Diario sin moverse un milímetro del sitio elegido cuando leía frente a la estación de trenes, con el libro al revés, o cuando asumía el escribir como actividad existencial sin hora y sin descanso:

“He empezado a declinar inesperadamente. No hay que quejarse.

La mano derecha está pesada e indócil, pero puedo escribir. Cuando ya no pueda… Siempre quise ser solo el hombre que escribe. Me he refugiado en la mente, en el lenguaje y en el porvenir” (4)

Volviendo sobre estas páginas, una y otra vez, pienso en Piglia cuando pienso en la figura del escritor.

                                                                                  Sergio G. Colautti

  • Piglia R., Los diarios de Emilio Renzi, tomo 1. Anagrama, 2015.Los años de formación. Pág. 15.
  • Piglia R., Los diarios de Emilio Renzi, op. cit. Pág. 16.
  • Piglia R., Los diarios de Emilio Renzi, op. cit. Pág. 170
  • Piglia R., Los diarios de Emilio Renzi, tomo 3.Un día en la vida. Anagrama, 2017. Pág. 294.

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