JULIA DOMNA II – Y JULIA RETÓ A LOS DIOSES

JULIA DOMNA II – Y JULIA RETÓ A LOS DIOSES

Dentro del hecho de que todos los libros sobre sagas históricas (Trajano, Escipión, la misma Julia de Emesa, actual Siria) me encantan, éste me ha parecido un libro muy humano, sobre el ascenso y caída de Julia, debido a motivos de poder, en un principio, y a motivos de salud, después. Como diría el otro, el filósofo del mostacho: “Humano, demasiado humano”. Acostumbrados en el libro anterior a que Julia vive en el amor y la sensualidad, cosa que a todos los que leemos a Santiago Posteguillo nos pirra, nos trastorna, lo ambienta de una manera clásica y a la vez muy verosímil, sin caer en el epíteto barato, y esto lo digo sin haber leído el libro que ambienta sobre el régimen de los jerarcas nazis en Alemania, tampoco el de Frankenstein (el moderno Prometeo) leyendo el Quijote, que por cierto me los leeré pronto, en éste libro traza lo que vive Julia con sus dos amores, en la vida y en el inframundo. Con lo que no puede, aunque es muy consciente de todo el desgarro y toda la maldad que produce el poder absoluto, es con la guerra franca y declarada, pocas veces soterrada, entre sus dos hijos. De ahí la pregunta que se hace este autor al que, aunque no conozca, admiro por su manera de escribir y pensar: “¿Podrá Julia con todo y ganará la partida si su enemigo es…su propio hijo?”. Capaz de todo, no puede con esto por más que lo intenta. Además, de una manera muy amena y realista, narra hechos históricos que ahí estuvieron, y aunque la Historia es, en gran manera, modo y grado, literatura de los historiadores, escritores y poetas, es verosímil, por ejemplo, y sin ánimo de destripar guiones, que Galeno estuviese al lado de Julia hasta el final y más aún, que fuese quien consultase mapas y cartas de los antiguos, o el encono y la herida abierta por el hijo de Julia, sobre la hija de su inseparable hermana Maesa Julia. Como esto intenta ser una reseña crítica, no cuento mucho más. No entro en las acciones de Septimio Severo, esposo amante de Julia hasta el final, sí en que llegó hasta donde romano alguno pudo llegar más lejos. La humanidad de Severo, aun al servicio del poder romano y de la pax romana, contrasta con el encanallamiento, por así denominarlo, de su hijo mayor, así como su falta de mesura y su paranoia creciente. Julia reta a los dioses, de una manera muy particular. A los de Roma y Grecia, pero no puedo decir cómo. Supera las pruebas que estos le ponen. Ella tiene su propio dios, el de Siria. Se observa cierto sincretismo, pero Julia no es perseguidora del naciente cristianismo, “tengo problemas más importantes que atender”, en sus propias palabras. La emperatriz y muchos otros títulos que ostenta, honoríficos salvo el primero, ya que es el motor real del imperio romano, sabe que el poder es el motor de la política romana, pero también es signo y señal de empoderamiento ella misma, aunque el Senado intente no tenerla en cuenta. Como ya he dicho en la reseña, me ha gustado mucho el modo que ha mantenido Santiago Posteguillo de iniciarla, darle un nudo y terminarla, no solo en esta duología o en sus trilogías. Pero, aunque he dado alguna trama o hilo argumental, prefiero que ustedes se lean la novela. La disfrutarán.

Carlos Alberto Ponferrada Almagro

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