Reflexiones sobre Pasolini y su poema “Manifestar”

“Cualquier cosa que se manifiesta No manifiesta otra cosa que la fuerza Incluso la de los destinados a la derrota” Pocas cosas resultan tan conmovedoras que las palabras escritas por seres que han ido al fondo de la humanidad, que han visitado sus recovecos, miserias, desgarros y han comprobado que el mundo deambula entre paraísos e infiernos. Por caso, Cesare Pavese, Alejandra Pizarnik, Marisa Wagner, Charles Bukowski o el citado, Pier Paolo Pasolini. En su poema “Manifestar”, incluido en una recopilación de letras bajo el nombre de “Nada personal”, desgrana su observancia sobre la juventud, la libertad y la vejez de una manera tan simple como profunda. “Cuantas obligaciones me he inventado al envejecer para no ser libre” –escribe- pero no se adjudica ese derivar tan solo a su persona ya que agrega:”los más ingenuos, los más inexpertos, los más simples, los más jóvenes, se inventan todavía más, y peor aun, al llegar al mundo, lo primero que hacen es adaptarse; triunfalmente, haciéndose creer a ellos mismos y a los otros que se trata de obligaciones necesarias para una nueva libertad”.¿Qué será –me pregunto- en estos tiempos ser libre? Hay quienes sueñan con acceder nuevamente al consumo que lo hizo, en un tiempo no muy lejano, sentirse parte de algo llamado sociedad (de consumo). Otros sueñan con tener un techo propio, o comer tres veces por día, o no tener que vivir en el barro. Difícil plantear estas ideas en un mundo tan desigual donde un puñado de familias poseen la riqueza que generamos millones de familias. “Pero la libertad es más fuerte: así sea un poco, quiere ser vivida”, prosigue Pasolini. El poeta, periodista y cineasta italiano conoció a lo largo de su vida más pesares que alegrías. Cuestionó como pocos a dos grandes instituciones en la Italia de su tiempo, al Partido Comunista y a la Iglesia Católica; sin embargo, como señala el prólogo del citado libro y por sobre sus severas críticas, consideró a la sociedad de consumo “el más represivo de los totalitarismos”, una cultura unificadora universal. En la Argentina del ascenso social y la conquista de derechos no se pudo, no se quiso o no se imaginó cómo podría haberse destruido el nudo gordiano de las causas de las desdichas casi eternas. Asimismo, nadie tiene la receta, menos quien escribe, para señalar cuál es el camino; no obstante por lo leído, vivido y caminado, podría decir que hay un péndulo que avanza y retrocede con los pasos de la sociedad y replica cada tanto las demoras casi eternas.¿Son los medios?, ¿es la justicia?, ¿es la política?, ¿es la economía?, ¿es la Iglesia?, ¿es el capitalismo?, ¿es la dictadura del proletariado? Desde la crisis del 2001 en adelante hemos visto satisfactoriamente, el surgimiento de movimientos sociales que se fueron formando como respuesta concreta al muro neoliberal y al gobierno monitoreado por el FMI. También observamos cómo algunos de esos movimientos responden a las influencias de la Iglesia Católica en manos del papa Francisco. Entonces vuelvo al poema de Pasolini cuando escribe sobre los valores y los jóvenes: “los valores, precisamente, son sentidos especialmente, desde siempre, por los jóvenes (sólo en ellos, precisamente, la obediencia es gracia) es con sus filas que cuentan los Jefes para seguir adelante, con sus limpias, inocentes filas”.¿Somos capaces de mirar más allá y hundir la cabeza en nuestros propios recovecos nauseabundos?, ¿es posible vislumbrar un verdadero cambio cuando sostenemos luchas mirándonos el ombligo?, ¿alcanza manifestarse por un salario digno cuando los “Jefes” van acomodando sus fichas, sus cuadros, sus acuerdos mientras miles de jóvenes gritan? Ya concluyendo el poema “Manifestar”, Pasolini vislumbra cierta conclusión: “Simplicidad y juventud, formas de la naturaleza: es sobre ustedes que se abjura la libertad a través de una serie infinita de deberes, limpios, inocentes deberes, a los que, manifestando, se les grita con aire amenazante, obediencia”. Mucho se ha escrito, estudiado y debatido y se seguirá escribiendo, estudiando y debatiendo acerca de las diversas formas de construcción de una sociedad más igualitaria. Quede para reflexionar la emoción y sensibilidad de un hombre que ha conocido el barro de la historia, las calles oscuras de pueblos hambreados, los basurales donde sexo, prostitución, vida y muerte eran himnos entonados a media voz entre humo y alcohol. No fue un burgués acomodado pensando el mundo desde su sillón blanco, perdiendo su mirada en los verdores de un valle, alejado del frío de un cuerpo con hambre. No fue un hombre que ha preferido acomodarse a un escritorio, a un sobre de dinero por debajo de la mesa, repitiendo consignas tan gastadas como la paciencia, buscando recibirse de burócrata. No fue un “Jefe” que decidió señalarle a la sociedad cómo debía vivir, cómo ser bueno, cómo poner la otra mejilla, o cómo ser revolucionario. En todo caso, prefirió sangrar y poner el dedo en las llagas de lo que sus ojos sensibles observaban y hundirse hasta quedar tendido en un terreno abandonado, ebrio de anonimato. Pienso que a través de sus desgarros, como también de su arte, podríamos reflexionar de dónde venimos y hacia dónde vamos. O tal vez, cosas menos importantes. Pasolini no hubiera dudado en abrazar a Jacobo Fijman, aquel poeta abandonado a su suerte en el Hospital Borda. (Gracias Vicente Zito Lema por cuidarlo tanto y hacerle compañía). Tampoco hubiera dudado en caminar de la mano por la avenida Corrientes con Alejandra Pizarnik. De lo que estoy casi seguro y perdonen mi atrevimiento, es que sería muy severo con aquellos que por sus maneras de construir no han aprendido nada de la historia; los que obedecen a los “Jefes o Jefas”, los que luchan por un lugar preferencial en la “sociedad de consumo”, los que se manifiestan para renunciar a la libertad y no se animan –animamos- a pensar algo nuevo, si es que algo nuevo queda por inventar.

Néstor Alejandro Tenaglia

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