Ojos claros para días oscuros

  • Autor: Francisco Javier Fernández Espinosa
  • Biografía Autor: Francisco Javier Fernández Espinosa
  • Género: Poesía
  • ISBN: 978-84-16764-62-4
  • Nº Páginas: 64
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • Año: 2018

En conjunto, un poemario interesante, curioso, antilírico por momentos y en otros profundamente llamativo por los contrastes que el autor consigue. La palabra se pone en cuestión. El eco del silencio está presente, la soledad, la literatura, el no saber y la ignorancia del otro: las dudas existenciales que todo poeta parece tener. De hecho, la duda es una poética constante que realiza metamorfosis maravillosas en los textos y los autores que la practican: preguntas, suposiciones, aperturas… sirven para comunicar con lectores que proponen lecturas más cercanas, así que la confirmación y constatación de que somos humanos —tanto el autor como los lectores— está muy presente y se vuelve cómoda la lectura dentro de ese malestar de sabernos hombres, mortales, casi nada. Hay una crítica social encubierta que ayuda a que el discurso fluya: la mezcla se potencia desde la cercanía que encontramos al unir la imagen de la patera con la noche o los francotiradores con Rilke y Narciso. Hay como un abandono personal —un olvido de sí, un atravesado recuerdo reventado— que se traslada a lo social: el poemario gana en potencia visual con las imágenes que se hacen —desde el yo poético, claro— personales. Soñar es denigrarse en esta sociedad, pero el soñador —gran poema— puede ser apaleado o amado, ser el orgulloso explorador del cuerpo amado. Así como el necio jamás contemplará en su interior el aroma de las flores, el calendario no otorgará descanso: la muerte podrá venir pero si ha de llegar que nos coja contemplando la belleza, palpándola o describiendo sus hermosos ropajes. Hay una constante transgresión del discurso lírico con imágenes oscuras, prosaicas, como las cabinas de teléfonos, los bares, o los entierros: Dora Maar o Kurt Cobain se codean por las páginas del poemario mientras la lencería del pecado (tra)viste a una ciudad de más de un millón de cadáveres según las últimas estadísticas como diría Dámaso Alonso: el autor propone la crisis como materia antipoética y divertida, entretenida y sin miramientos. De todas maneras, pase lo que pase, volveremos a la ceniza y polvo de donde venimos, así que podemos mezclar la sangre de Lorca para que nos guíe por el camino a Neverland. El exilio y la memoria aparecen de a poco, como breves destellos de algo fundamental como es la persona, que depende del momento siente más uno que otra, o viceversa: el dolor y desasosiego provocan curiosas mezclas.

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