DESNUDOS DE ANÉMONA

  • Autor: ÁLVARO GALLARDO
  • Biografía Autor: ÁLVARO GALLARDO
  • Género: Literatura y Novela
  • Nº Páginas: 380
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • Formato eBook: ePub | MOBI | PDF
  • Año: 2025

SINOPSIS DE “DESNUDOS DE ANÉMONA” (novela de Álvaro D. Gallardo) La línea narrativa de “Desnudos de Anémona” nos conduce, como el hilo de Ariadna pero en sentido inverso, hacia las profundidades de un laberinto en el que se interna Brionet -un destacado artista del desnudo fotográfico- en la búsqueda de una mujer. Lo hace, seducido por las descripciones que de ésta le comienzan a llegar, inopinadamente, en hojas pésimamente impresas, a través de un obsoleto aparato de fax al que el artista continúa fiel. En estos mensajes, en donde ella es apodada Anémona, se adivina, y luego aparece de manera inequívoca, un poderoso contenido erótico, así como inspiradas y seductoras ideas para toda una serie de desnudos. Al parecer, los mensajes le llegan a Brionet en forma ajena a la voluntad del remitente, que se encuentra en otro país. Éste -deducimos- es el amante de Anémona, y firma como Minotauro. La acción comienza a fines de 1998, en Santiago (Chile), en donde Brionet está presentando una gran muestra. La modelo de esas obras es, como lo ha sido en toda la trayectoria de Brionet, su mujer – Camila- que meses atrás ha partido definitivamente al extranjero, marcando el fin de una larga simbiosis artístico-marital desgastada por la rutina, y el surgimiento de la necesidad, para Brionet, de iniciar una nueva etapa. En ese momento, el artista se ve enfrentado al dilema de mantener las líneas rectoras de sus desnudos o de imprimir un viraje radical a su labor creativa: “Salirme de la púdica ternura del puro desnudo femenino y atreverme a proclamar, dándole su espacio en la imponencia insultante de mis enormes paneles fotográficos, el verdadero, estupendo y vilipendiado paisaje del sexo.” Independientemente de la concreción o no de ese viraje, cree ver en Anémona el prototipo femenino ideal con el que siempre ha soñado para sus desnudos. Esto lo induce a la búsqueda, potenciada por su anhelo por fotografiarla, que coincide con el del propio Minotauro, quien lo expresa reiterada y obsesivamente en sus textos. Explotando los datos que le llegan vía fax, Brionet procura alcanzar sus objetivos. Detecta detalles, suma indicios que lo pueden llevar a obtener la dirección y/o el lugar de trabajo de Anémona, así como su nombre real: Luciana Bouvier directora de una importante institución cultural. La acaba conociendo personalmente y, a partir de ese momento, inicia y consolida una manipulación psicológica, emocional y venérea de ésta, logrando su amistad, consiguiendo concretar con ella sesiones de fotografía, que lo llevan incluso a la consumación de encendidos episodios eróticos. A esta altura, a Brionet, si bien tiene la convicción de ser dueño de un poder semejante al de un titiritero con su marioneta, lo inquieta una sospecha: ¿tal vez Minotauro le está haciendo llegar los mensajes a él a propósito, para incitarlo a acercarse a Luciana y a materializar las fotos que aquél ansía? ¿Tal vez es la propia Luciana que está llevando adelante la maniobra? ¿Tal vez son los dos amantes, confabulados? Por otra parte, en el curso de su empresa va siendo atrapado por los seudópodos del fascinante y a la vez pavoroso dédalo de fervor lascivo de esos amantes, con sus placeres pero también con sus potenciales quebrantos. Así lo demuestran las descripciones de ardientes rituales amatorios que Minotauro va elaborando, y que se vuelven progresivamente más barrocos a medida que se extienden los períodos de separación, y llegan a sus manifestaciones más desorbitadas y feroces cuando al deseo se suma el veneno de los celos, como lo revela en una de sus pesadillas: “te he visto sembrando el placer sobre hombres desnudos; he oído los gemidos de esos hombres sometiéndote de mil maneras; te he soñado en atroces orgías, hurgando en lo innominable, abriéndonos tu más apretada y dolorosa flor, entregándonos tu más cerrada anémona de mar, en feroces y silenciosos acaballaderos; te he visto buscando el vituperio, el oprobio, la burla vergonzante de los hombres, humillándote ante ellos, lamiéndolos; te he visto salvajemente entrecogida por esos hombres –como hacían aquellas seis panteras con una enorme res, a la que tenían ferozmente inmovilizada con sus fauces, con sus colmillos clavados en la ubre, el cuello, las ancas, el vientre y las patas de la enorme bestia impotente, que se mantuvo en pie por horas y horas antes de abandonarse- y los veo aún, mordiendo el agrazón de tu sexo, robando el amargor de tu cerrado fruto, abocardándolo pacientemente; los llevo dentro de mis ojos, almarbatados a ti, acepando en tu cuerpo. Sin embargo, nada te alcanza; nada te mancha. Todo lo limpias, todo lo bendices, todo lo purificas, todo lo santificas con la blanca luz de tu carne. Nada puede arañarte, arrodillada ante esos hombres, mientras bañas el pesado caracol de su sexo con el mucílago de la muda y devota oración de tu lamedura..... Invariablemente, inalterable y limpia, surge, se alza, se eleva, la espigada dignidad de tu desnudez.” Todo se enmaraña cuando Anémona comienza a sufrir episodios rayanos en la enajenación, al intuir/sospechar que todos sus actos están siendo inducidos. La atormenta igualmente la duda de cómo interpretará Minotauro lo que está sucediendo con Brionet, tanto en lo concerniente a las fotos como al involucramiento sexual, si se lo cuenta: ¿Creerá que es una fantasía igual a las que siempre intercambian, o algo efectivamente consumado? ¿Y cómo reaccionaría Minotauro en uno u otro caso? Concluye considerando no confiarle nada, o interrumpirlo todo, o incluso destruir los desnudos realizados….. Ante esto, Brionet pierde el frío dominio ajedrecístico que venía ejerciendo sobre los acontecimientos y, para no dejar de producir esos desnudos, en su trastorno apela a un recurso extremo, con consecuencias casi trágicas para Anémona. En el momento crucial, comienza a salir del aparato de fax un mensaje que será la clave de todo lo sucedido. En el epílogo, Brionet se encuentra en Tokio, adonde ha debido alejarse prudencialmente. Está recorriendo una exposición de fotografías de Helmuth Newton, exactamente cuatro años después de que llegaran a su atelier los primeros textos fatídicos. Se pregunta: “¿En qué penumbras, bajo qué luces, se desplaza Luciana Bouvier, con la perturbadora gracilidad y nobleza de sus movimientos cervales? ¿Qué ojos registran la opalescencia rosa de sus pechos, la nubilidad de sus actitudes, la esencia etérea de su poderosa corporalidad? ¿En qué cámara resuenan sus febriles monólogos amatorios, sus oraciones eróticas, sus hechizados discursos glorificadores?” Asimismo, expresa su inquietud por descifrar los códigos del desnudo, del erotismo, de la pornografía y de la censura, en el mundo japonés en que se encuentra: “¿Cómo se relaciona aquí un fotógrafo con su modelo? ¿Qué códigos rigen la pasión amorosa y la armonizan con la actividad creadora volcada al erotismo de esa pasión? ¿Cómo acceder a la inaccesible fragilidad, delgadez y estilización que hacen que estas mujeres parezcan ser bocetos de un exquisito trabajo de diseño? ¿Cómo abarcar, en una instantánea, ´ese tinte de lis, esos ojos suaves, esa nariz de bordes inimitables, esos labios de contornos tan diseñados, esa complicada dulzura de trazos´ de que habla Amélie Nothomb, acompañado todo ello por el tiro de gracia de unas maneras y modos, de un sistema gestual, que ´la estilizan y hacen de ella una obra de arte inaccesible al entendimiento´?” Reitera su idea obsesiva de que todos y cada uno de los datos para llegar a Luciana Bouvier habían sido puesto a propósito en su camino, y finalmente insiste en su convicción de que fue Minotauro quien provocó todo lo acontecido. ----------------------------------

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