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Masculino y femenino


 

Masculino y femenino

Algunas palabras cambian de sentido si cambian de género. Es decir, aunque la estructura de la palabra no se modifica, el artículo sí que nos indica un significado distinto.

Algunos ejemplos:

El orden /la orden

Como indica el Diccionario panhispánico de dudas:

orden. 1. En el español actual, se usa en masculino cuando significa ‘colocación o disposición apropiada’ (Es muy amante del orden), ‘serie o sucesión’ (el orden alfabético), ‘categoría o nivel’ (el orden senatorial), ‘estilo arquitectónico’ (el orden corintio), ‘grupo taxonómico’ (el orden Primates) y ‘sacramento del sacerdocio’ (el orden sacerdotal). En femenino, cuando significa ‘mandato’ (Dio la orden de continuar), ‘instituto religioso, militar o civil’ (con mayúscula inicial: la Orden de la Merced, la Orden del Temple, la Orden de Isabel la Católica) y ‘cada uno de los grados del orden sacerdotal’ (normalmente en plural: las órdenes sagradas).

 

masculino femenino

 
Foto: madridsalud.es

 

El editorial / la editorial

Fundéu nos ayuda:

La palabra editorial tiene diferentes significados según se emplee en masculino (un editorial es un artículo de fondo no firmado en un medio de comunicación) o en femenino (una editorial es una empresa editora).

Sin embargo, en ocasiones se emplea incorrectamente la forma femenina para aludir a los artículos que expresan la opinión de un diario u otro medio: «Las editoriales de los grandes diarios internacionales han prestado atención al fenómeno» o «¿Por qué las editoriales de los diarios impresos no mencionaron el suceso?».

El calor/ La calor

Nos lo responden en dudas rápidas de la RAE:

¿Es válido el uso de «la calor»?

En la lengua general culta, calor se usa en masculino (el calor). No obstante, hay zonas de España y de América donde está extendido su uso en femenino (la calor). De hecho, hay hablantes para los que el femenino posee un significado propio de 'calor extremo'.

Agua / Hacha / Águila / Alma / Ansia

Son de género femenino aunque, al empezar con “a” acentuada, para evitar cacofonía, se empela el artículo masculino, pero los adjetivos deben concordar en femenino, por ejemplo:

El alma blanca.

El agua clara.