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LOS ÁNGELES CAÍDOS DE ALBERTO BOCO

LOS ÁNGELES CAÍDOS DE ALBERTO BOCO

Cuando los poetas arrebataron la palabra a los profetas sabían lo que hacían. El mito había sido el origen de la reunión del uno con el mundo. Las religiones lo habían secuestrado para imponer dogmas, vedas, fábulas infantiles y represión. Una vez disipada esa niebla del Sinaí, de aquellas leyendas proféticas solamente quedaron algunas imágenes desvaídas: el dios triple que comparte una sola sustancia, el alma que merecería la vida perpetua y los ángeles, criaturas a medio camino entre el cuerpo y el alma, frágiles, indescriptibles, amorosas y duales: hechas a la medida humana con cuerpo celestial. Terribles y divinas. Estas criaturas que provenían del Oriente se instalaron en el Tabernáculo de Israel y en las arcadas de las catedrales góticas quizás para recordarnos que al ingresar, seremos despojados de nuestra individualidad para convertirnos en esclavos de dioses imaginarios, capaces de gobernarnos desde nuestra conciencia. Alberto Boco, poeta, es uno de aquellos intrépidos desobedientes divinos, como Prometeo, como Lucifer, como Ahrimán. Alberto Boco arrebata la palabra de la homilía para instalarla en esas figuras angélicas tan adorables como temibles. El Ángel contemporáneo es una saga poética que recorre, a través de visiones angélicas, lo humano, demasiado humano como enseñaba Nietzsche. En Colores el poeta nos susurra: .¿Qué nos propone Boco? La disolución de lo que llamamos real por no haber prestado suficiente atención más que a las apariencias. Algo que el mito ya nos advertía antes de que fuera secuestrado por las religiones. Y nos hace bien esta advertencia. El Mundo tiene 4.500 millones de años y los dioses aparecieron hace apenas 6 o 7 mil.¿Quién hablaba antes que los dioses? El logos, la palabra que al nombrar otorgaba sentido. Y este sentido ya nos previene de acechos igualmente engañosos y para ello describe lo real que escamotean las apariencias, haciendo, como hizo el Dios cristiano, una criatura humana en nuestro semejante: el ángel contemporáneo dotado de carnadura sujeto a los tiempos terrenos y a la vista de todos mutan sus tonos al ritmo de las miradas desconoce la maldad tanto como lo bueno y ama el dolor de los mortales…¿Qué anuncia este adviento del ángel que está con nosotros? Avisa que no solo está con nosotros: también está en nosotros que tejemos un mundo de pensamientos para entender el Mundo por medio de la verdad: para derramar en su media lengua sobre todas las lenguas las mieles de un sabor incierto que toma su gusto propio en cada boca una variedad que algunos conocen y otros llaman La Verdad es el perfume y la música del ángel contemporáneo la ejecuta una orquesta de afinación bélica con la melodía del encanta miento. Encanta porque miente. Subyuga, como la melodía fatal de las sirenas a Odiseo, para llevarnos a la propia perdición. Esas verdades que buscamos con desesperación en el infinito: es que el cielo es un gran educador abona en la inquietud enseña en la pregunta Pero esa luz hecha destellos que nos entregan, que está dentro y está fuerza de la criatura misteriosa y alada: ¿Saben del resplandor vuelto polvo de sal? ¿Han visto —vislumbrado siquiera— el brillo postrero en los ojos de la mujer de Lot? volver la mirada tiene muchos matices y el riesgo de no poder ignorar las erinias de la repetición… Como siempre en la pregunta está la corrosión de la duda. El último brillo de la mirada de la mujer de Lot petrificada por el pasado, no obstante, castigada por la duda antes que ceder a las Erinias que castigan los crímenes de sangre: volver al error es atentar contra la propia sangre, es caer y recaer sin cesar por obedecer antes que dudar. Como en los círculos de la Commedia, el poeta Boco nos lleva a los sueños, a la memoria, a los pasajes del pasado que han sido futuro. En esos mismos sueños que el psicoanálisis nos reveló como formas investidas de irrealidad que la mente trafica con la realidad para decirnos con el viejo lenguaje de los mitos lo que las doctrinas y las religiones incautaron para su provecho. y en el soñar igual que en la vigilia no distingue ni quiere aquello que le dicen eso que llaman realidad entonces brega sin remedio por hacer que prevalezca la sombra de su fantasma Todo conduce al descenso del pobre héroe humano hasta los límites de la fosa, la katábasis es ese viajar sin estar, estar sin vivir, y en esa inexistencia penumbrosa, en este tramo crucial, la voz del poeta Boco se transfigura. Adquiere una rítmica propia de aquellos viejos aedos que recitaban el mito de pueblo en pueblo —tras los desiertos de arena ondulantes, allende los ariscos mares de Neptuno— y la musicalidad ondula en la voz de Boco: el ángel descubrió que existen sueños la pesadilla del que no comprende un tic tac de reloj en una siesta y una puesta de sol que lo atormentan difícil de entender son los humanos no habiendo disfrutado de sus fiestas de las risas al sol o en la penumbra sin rendirse jamás a la tristeza… Discurre el ángel contemporáneo acerca de su status ontológico: te has hecho sustancia, materia y forma para la razón, pero lo perfecto y lo inmóvil de Parménides tiene fallas: todo lo que cambia con la potencia y el acto en este río que soy, que no se detiene. Heráklito ha roto el espejismo de la perfección y el ángel sabe que es terrestre. Determina su anatomía corruptible. Se llena de confusión y miedo, dice Boco. Humano, demasiado humano. Nietzsche está más cerca que los eleatas y su esfera perfecta. se aleja en harapos rodeado de perros lleva una lámpara y ríe con fuerza tira su escudilla y se pierde por entre las luces del día su carcajada es un puñal de la oscuridad que retumba en la vigilia. Imposible no percibir la sombra de Diógenes el Cínico en esa fuga hacia Uquía, en Jujuy, otro desierto donde nueve ángeles arcabuceros comparten su ronda armados de mosquetes cusqueños.Ícaro cae desde su altura de nubes y lo ve. Y ve a Ares, el dios terrible que siembra la discordia, le aconseja: —Antes de partir a la guerra/ haz que te odien aquellos a quienes amas/ que crezca en ellos un odio bien macerado/ ese sin olvido ni perdón. El ángel contemporáneo recorre espacios hechos de tiempo donde se cruza con el bárbaro, con el poeta (animal de la palabra), con Mnemóside, con Átropos la Moira de la tijera fatal, un niño, la noche. Esta odisea angelical de Alberto Boco permite reconocernos con más fidelidad que un espejo donde a veces vemos solamente lo que ya imaginamos. Este ángel humanizado a fuerza de la desilusión contemporánea vuelve a reconfirmas la sospecha del principio: al arrancar el mito de las manos de farsantes pastores y ministros, el poeta nos lo devuelve íntegro para permitirnos volver al día cero de la creación, minutos antes que el fatal Fiat Lux que inauguró la era del fetichismo y la mentira. El poeta nos ofrece ese mito desnudo para que vuelva a crearnos a su imagen y semejanza con ningún parecido a ningún dios.

ALEJANDRO BOVINO MACIEL BUENOS AIRES, FEBRERO 2026

Boco, Alberto El ángel contemporáneo/ Alberto Boco - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Barnacle, 2026. 44 p.; 21 x 15 cm.