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MARTA LÓPEZ LÚACES, DESPUES DE LA OSCURIDAD

MARTA LÓPEZ LÚACES, DESPUES DE LA OSCURIDAD

El libro de Marta López Luaces, Después de la oscuridad, intensifica la percepción del lector hacia la búsqueda del ser para trascender la rutina cotidiana. A través de los cuatro elementos clásicos—agua, tierra , fuego y aire—junto a conceptos metafísicos, la autora explora el origen del cosmos y del ser humano. Sugiere que la coherencia de los ciclos vitales no reside en las respuestas, sino en la pregunta misma y en la armonía de las estrellas. El poemario describe un trayecto ontológico que parte de la oscuridad, navegando entre la razón y el sentimiento hacia la palabra. Este viaje representa el tránsito de lo inexistente mediante el caos en pos de lograr nombrar lo que se vive. Aquí, el verbo se convierte en el clímax de un arte poética capaz de disolver la oscuridad. En este universo dinámico y mítico, la palabra actúa como refugio para figuras como Ifigenia, protegiéndola de un antagonista encarnado en el “Usurpador de los Sueños”. Esta entidad opera en territorios donde la oscuridad prevalece, borrando narrativas, manipulando la historia y despojando a los personajes de su identidad y belleza. El colapso de este orden se manifiesta en la contundente sentencia: "Sócrates ha muerto". Frase terminante que, a su vez, concluye un primer elemento y palpita en una especie de Edad Media atravesada por la teología y los debates religiosos. El poema declara que: La oscuridad penetra en lo más negro del alma/arranca la belleza del jardín/y deja tinieblas/negras oleadas de/El Usurpador de los sueños oscurece el sendero/reina sobre la tierra con frutos vanos/construye su templo y hace hogueras/con las alas de la noche/Nuestra morada se viste de luto/y somos nómadas sin albergue/¿La piedra de Heráclito se quiebra? Aquí, el usurpador emerge como la fuerza externa que sustrae la esperanza, gobernando con "frutos vanos" en una cultura efímera que erosiona la humanidad en la sociedad contemporánea. Esta metáfora de las fuerzas que detienen cualquier aspiración, junto a la idea de ser “nómades sin albergue”, intensifica la necesidad de estabilidad. En “Fuego” hay un acápite de Giordano Bruno y un mítico personaje resiliente como Dafne, quien contempla el devenir del tiempo desde los anillos de Saturno, asistiendo a su propia perdurabilidad en un "nuevo canto”. El poema en el “Aire” también mantiene un anclaje con la realidad sociopolítica al mencionar el "hambre" y el dominio del "Imperio del Norte". En última instancia, la obra despierta en el lector el ansia de regresar a lo eterno y ser habitado por palabras y poesía. La lucha entre la luz y la sombra se presenta como una metáfora del agón interno que todos enfrentamos, resaltando la necesidad de encontrar un equilibrio entre estos opuestos. Este desasosiego existencial nos recuerda que la libertad se enfrenta y se resignifica día tras día. La lucha se convierte en un camino compartido que invita a la reflexión y a la acción. Marta López Luaces nos interpela, explora temas profundos en su poesía, que bien podría ser denominada poesía de pensamiento, pues posee un sentir crítico sobre la existencia y nos invita a recordar que todo cambia constantemente: la belleza, la naturaleza y el ser humano efímero que debe reconstruirse.

Angela Gentile

 

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