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Manuel Vicent: el encanto del arte erudito y la sensualidad de la intriga. Entre la modernidad y la posmodernidad.

 

Miguel Ángel Guerrero Ramos

 

“No es el mar el que te ahoga sino una ola”, esta, es una de las más famosas frases del escritor y periodista valenciano Manuel Vicent, uno de los más eminentes y reconocidos escritores de la literatura española de los últimos años. Un escritor que nos seduce y nos envuelve en los difusos contornos de una obra, sin lugar a dudas, excepcional, ecléctica y diversa, en tanto que recoge, en cada una de sus novelas y en sus cuentos, elementos de una escritura moderna y de una escritura posmoderna al mismo tiempo.

 

La idea generatriz del presente ensayo, por tanto, gira en torno a considerar la obra de Manuel Vicent como una obra que hace gala de un lenguaje refinado y esmerado con el cual el autor se dedica a derrumbar las grandes verdades y relatos de la modernidad como el cristianismo y a darle voz incluso a los excluidos de la sociedad, a los cuales, Vicent dibuja y representa junto a los más finos y deslumbrantes objetos. En otras palabras, y como veremos más adelante, Manuel Vicent puede ser considerado como un autor posmoderno que subvierte los hilos de la modernidad, pero que tiene un espíritu moderno y enamorado de la alta cultura y los cánones del arte universal.

 

Para presentar adecuadamente la bipolaridad de esta idea, el presente ensayo se centrará principalmente en la novela llamada: Balada de Caín, aunque se valdrá, en general, de las historias que el escritor español nos presenta en algunas de sus novelas como Son de Mar, con la que el autor ganó el Premio Alfaguara de Novela del año 1999, o algunas otras como Cuerpos Sucesivos, La Novia de Matisse, Tranvía a la Malvarrosa, o, No Pongas tus Sucias Manos sobre Mozart, cuyo título ya nos sugiere una cierta predilección del autor por el arte elevado.

 

Manuel Vicent: el autor y su obra

 

Manuel Vicent Recatalá, nació el 10 de marzo de 1936 en el seno de una familia piadosa en Vilavella, Castellón, Comunidad de Valencia. Ha ganado dos veces el Premio Alfaguara de Novela, en 1966 y en 1999, ha presidido dicho premio en el año 2010, y ha ganado también el premio Nadal y el periodístico Premio González Ruano, entre otros certámenes.

 

Buena parte de su obra toca importantes aspectos de la transición política que España experimentó de la dictadura franquista a la democracia, aunque siempre desde el punto de vista de los altos intelectuales o de los grupos que éstos conformaban y que suelen aparecer en novelas como Jardín de Villa Valeria. Es decir, Manuel Vicent describe la realidad, sea ésta política o no, desde el punto de vista de una alta cultura intelectual, claro, con la particularidad de que el autor valenciano humaniza y desacraliza a los más grandes escritores, artistas e intelectuales de la modernidad, sin que con ello se quiera decir que los acerque a las masas o que su obra pase por kitsch. Tal es el trabajo que Vicent realiza en una obra como Póquer de ases, en donde Vicent se vale de los sabores multifacéticos y las texturas propias de un ensayo literario libre y metafórico, para dar su punto de vista acerca de los grandes de la literatura como Albert Camus, Samuel Becket, James Joyce, Fernando Pessoa, Borges, Hemingway, Josep Pla o Rainer María Rilke.

 

Sin embargo, y a pesar de la gran importancia política de la obra de Vicent, por el tiempo que a él le correspondió vivir en España, el presente texto se centrará en la novela Balada de Caín, para mostrar cómo este autor emancipa, en los términos que nos presenta Ernesto Laclau en su texto Poder y representación, el significante que encierra el placer, la libertad y la vida, de su significado, durante siglos, inmerso en la forma de una moral tradicional. En otras palabras, lo que Vicent hace en Balada de Caín, tal y como lo veremos más adelante, es desacralizar el imaginario de la tradición cristiana y quitarle a dicho discurso el status que le confirió la modernidad, lo que, de acuerdo con un autor como Jean François Lyotard en su obra La condición posmoderna: informe sobre el saber, vendría a ser una tarea típica y distintiva de la posmodernidad.

 

Por otra parte, también podemos encontrar muchos rasgos de una férrea e implacable modernidad en Vicent, tal y como lo es su tendencia a mantener los límites del espacio público entre una cultura alta y una cultura baja. Respecto a este punto, y de acuerdo con un autor como Frederic Jameson, en su obra Posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo tardío, la arquitectura posmoderna se caracteriza por hacer gala de espacios en donde confluyen tanto lo masivo y popular como la alta cultura. Sin embargo, Manuel Vicent suele mantener en sus historias una división tajante entre los espacios de la cultura alta entre los que figuran, por ejemplo, las galerías de arte en La novia de Mattise o los grandes teatros de ópera en Cuerpos sucesivos, con los espacios de la cultura baja como la de los pescadores de Son de mar o las cloacas que en Balada de Caín serpentean la ciudad de Nueva York en la forma de un mundo alterno y olvidado en donde van a parar las más evanescentes apariencias del mundo de la cotidianidad, los placeres y las instituciones.

 

Ahora bien, antes de entrar de lleno en el análisis de una obra como Balada de Caín, cabría añadir que para Vicent la modernidad y la posmodernidad son meramente slogans o etiquetas que se venden en ciertos círculos intelectuales. “Yo me río de eso”, dice incluso Vicent, “porque pienso que la modernidad es llevar una camiseta que diga ´Yo comí bananas en la calle 42”. (Bellés, p. 266).

 

Balada de Caín: la memoria del edén que rehúye a la continuidad

 

Balada de Caín, obra con la que Vicent gano el premio Nadal de novela en 1986, es una novela que apela a la subjetividad de su protagonista Caín, y no a la voz de la tercera persona omnisciente que todo lo sabe, que es tan propia de la modernidad, y que es tan común en las demás obras de Manuel Vicent.

 

Ahora bien, la historia de Balada de Caín en cuanto tal, tiene como escenario principal la ciudad de Nueva York en la cual Caín vive el desenfreno de sus pasiones pasadas y el recuerdo del asesinato de su hermano Abel, que es el amor de su vida. Es una ciudad llena de secretos pero también de caos. En este sentido, el autor va más allá del paradigma de orden de la ciudad moderna, mientras configura el espacio de las acciones de su historia en el universo iconoclasta de Nueva York o en el árido y lirico desierto del génesis. En este sentido la obra de Vicent sería una obra eminentemente posmoderna en cuanto, de acuerdo con Frederic Jameson, la condición posmoderna se caracteriza porque en ella existe, a diferencia de la modernidad, un predominio del espacio sobre la historia.

 

En lo que atañe a este punto, las acciones y objetos que aparecen con cierta eufonía en La balada de Caín se desenvuelven a lo largo de la historia en una forma totalmente anacrónica. En principio, la novela pretende ser lineal, pero las evocaciones de las vivencias de Caín en el Edén son constantes y sorpresivas. De igual forma, el tiempo trascurrido entre el universo del génesis y la llegada de Caín a Nueva York corresponde obviamente a una parte de la vida del personaje lo que es sin duda anacrónico.

 

El soplo ardiente del erotismo sobre la moralidad: el placer sin culpa

 

Vicent parece darle a su obra, y más aún en una novela como Balada de Caín, una cierta prevalencia a la embriaguez de los sentidos sobre las representaciones de la moral tradicional. En este sentido, Manuel Vicent es un autor que se dedica a romper toda con clase de tabús, más aún los con los que atañen a un cristianismo moralizante que asume e inculca el sexo en el imaginario colectivo como un asunto oscuro, y si no pecaminoso, al menos de cuidado.

 

Sin duda alguna, la mayor crítica social a la moral que el autor realiza en su novela es la del hecho de que por dondequiera que el personaje principal se mueve, es decir, Caín, las personas se le acercan para pedirle autógrafos, o para felicitarlo, o para elogiarle, o simplemente para mostrarle sus respetos. Algo que Vicent hace ver como normal, tomando en cuenta que, según él, y de acuerdo con la historia bíblica, Caín es la primera persona que se atrevió a desobedecer a Dios, el primero que experimentó más a allá de lo inculcado por una autoridad y el primero que sintió las seducciones liberadoras de la maldad, no sólo por el hecho de haber asesinado a su hermano sino por las relaciones sexuales que tuvo con él.

 

Ahora bien, de acuerdo con un autor como Carlos Mosiváis, en su obra Del rancho al internet, estamos en una época que rompe con los esquemas moralizantes más rígidos. Al respecto, una de las frases más sobresalientes del autor valenciano en su obra de 1966, y que en cierta medida resume el contenido de la novela analizada, es la de que “no existe dicha más refinada que sentirse adorado en la maldad”.

 

El embrujo suave y ardiente del Jazz: el juego de la seducción

 

Desde su aristocratismo cultural, un teórico como Adorno ha llegado a desprestigiar en sus escritos a la música de jazz porque considera que elimina toda dificultad que no se acople al facilismo de exaltar los sentidos, al respecto Adorno dice que “un ejecutante de jazz que debe tocar un trozo de música seria, el más simple minuet de Beethoven, lo sincopa involuntariamente y sólo accede a tocar las notas preliminares con una sonrisa de superioridad” (Adorno y Horkheimer: 1988, p. 5).

 

En Balada de Caín, en cambio, el arte del jazz se presenta como uno de los más puros desenfrenos del espíritu. No por nada en esta novela Caín es proclamado como el “rey del saxofón y como santo patrono de todos los asesinos”.

 

Pero Vicent no sólo exalta formas de arte como el jazz sino que también suele emplear en sus obras el manejo de una intriga constante como táctica de seducción. En Balada de Caín esto se revela mediante la intriga de querer saber qué pasó realmente con Abel y pasará finalmente con Caín. No obstante, de acuerdo con Ana María Amar Sánchez (2000), la alta cultura que velaba por los cánones literarios llegó a decir, en su momento, que el predominio de la intriga era propio de las formas de entretenimiento distantes de lo literario. Sin embargo, Amar Sánchez arguye que seducir es conquistar y cautivar y nos recuerda que para un teórico como Baudrillard el artificio de la intriga no es una forma de engaño, ni un ejercicio de poder, sino un intercambio de conocimiento.

 

De esta forma, “la seducción es un ritual y un artificio sostenido por las estrategias de la ilusión” (Amar Sánchez: 2000, p. 33) y que se lleva a cabo a través de la promesa del placer que en, en una obra como La balada de Caín, siempre se mantiene constante a lo largo de sus sugerentes paisajes, sus provocadoras evocaciones y sus trasgresiones a la moral tradicional.

 

Los hombres rata: el mundo secreto de los excluidos

 

Las personas marginadas que viven en las cloacas de Nueva York aparecen en Balada de Caín, para romper con el mito del sujeto razonable y trabajador que de acuerdo con Lyotard, es uno de los grandes metarrelatos de la modernidad.

 

Sin embargo, y a pesar del aire poético que Vicent les brinda a los excluidos en su obra, lo bajo sigue siendo definido por la cultura alta intelectual. Es común, según una autora como Ana María Amar Sánchez, que los discursos altos se estructuren en relación con las degradaciones del discurso bajo, no obstante, a pesar de que Vicent llama a los excluidos con el calificativo de hombres rata, les asigna un aire de sabiduría inefable que no necesita de palabras o conocimientos y un estado primigenio y excelso, casi mágico, de vivir sin las preocupaciones y las artificialidades de las demás personas.

 

A pesar de todo, no podemos decir que el autor no parodie a los excluidos desde su posición de alta cultura, lo que sucede es que él busca una forma de parodiarlos y de parodiar a la elite y a la cultura docta al mismo tiempo.

 

Conclusión

 

Maarten Steenmeijer, un autor que ha analizado en un texto titulado La recepción europea de la obra de Manuel Vicent: un esbozo, nos dice el carácter inclasificable, transgenérico e infractor de la obra de Vicent ha impedido que sea reconocida a nivel mundial en cuanto que es difícil de encasillar o de asociar a alguna corriente literaria. Como se ha visto en el presente ensayo, una novela como Balada de Caín tiene rasgos posmodernos que desmantela ciertos metarrelatos de la modernidad pero que, a su vez, no se acerca a lo masivo o a lo popular sino que, incluso, podríamos decir, se aleja a adrede. De cualquier forma, esta antinomia de la obra de Vicent bien podría ser vista como un rasgo típico  de lo posmoderno donde predomina la fusión, por ejemplo, de distintos tipos de arte, en este caso el moderno y el posmoderno.

 

 

 

Bibliografía

 

Adorno, Theodor; Horkheimer, Max. “La industria cultural. El iluminismo como mistificación de masas” en Dialéctica del iluminismo. Buenos Aires: Sudamericana, 1988.

 

Amar Sánchez, Ana María. "Vínculos, usos y tradiciones. La cuestión teórica" en Juegos de Seducción y traición. Literatura y cultura de masas. Rosario, Argentina: Beatriz Viterbo Editora, 2000.

 

Bellés, Salvador, “Seres humanos de Castellón”.

<http://www3.uji.es/~belles/Salvador%20Belles/Seres%20Humanos%20de%20Castell%F3n/Manuel%20Vicent%20Recatal%E1.pdf >

 

Hutcheon, Linda. “La política de la parodia posmoderna”, Criterios, La Habana, Julio de 1993

 

Jameson, Frederic. “Posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo tardío” en Ensayos sobre el posmodernismo.

 

Lyotard, Jean François. La condición posmoderna: informe sobre el saber (selecciones). Madrid: Cátedra, 1994.

 

Monsiváis, Carlos. “Del rancho al internet”.

<http://nomadasyrebeldes.files.wordpress.com/2010/03/del_rancho_al_internet-monsivais.pdf >

 

Rodríguez, Jaime Alejandro. "Lo posmoderno en el arte" y "Crítica literaria en la posmodernidad" en Posmodernidad, literatura y otras yerbas. Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana, 2000.

 

Steenmeijer, Maarten   “La recepción europea de la obra de Manuel Vicent : un esbozo”, olivar nº 12 – 2009.

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