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Apología Del Ensayo Desde los Diálogos de Platón pasando por Cicerón, Séneca, San Agustín

Por LEONARDO STREJILEVICH

El ensayo Desde los Diálogos de Platón pasando por Cicerón, Séneca, San Agustín y tantos más el ensayo es una forma literaria que casi nació perfecta. La economía clásica, la sociología como ciencia y el ensayo como género literario, nacieron en momentos de cambios, crisis y transformaciones; esto no es enteramente casual, todavía la economía y la sociología siguen siendo ciencias y el ensayo género literario de las crisis, los cambios, las transformaciones y a veces la premonición o el anuncio de nuevos tiempos. El ensayo es una composición literaria breve y circunscrita a un tema de envergadura limitada que debe tener belleza en la forma, esmero en el lenguaje, estilo en el contenido, exactitud en los conceptos y conexión lógica de las ideas. Novela y ensayo son dos maneras diferentes de comunicar. El ensayo comunica de manera racional en el plano del saber o del conocimiento. Es necesario elegir el ensayo cuando se quiere defender una idea, una tesis, cuando se trata de una verdad precisa y bien definida y el lenguaje que se utiliza debe expresar ideas y pensamientos concretos. En resumen, el ensayo se encuentra en el plano del saber; en el plano del no saber, del relato de lo vivido, está la novela. El ensayo, en nuestros tiempos, se ha enriquecido de matices nuevos haciéndose vehículo de difusión de ideas nuevas, de conocimientos científicos y técnicos biológicos, psicológicos, económicos y sociales; ocupa diariamente lugares destacados en diarios, revistas, emisoras de radio y televisión, en la red de redes de Internet; cada vez hay un ritmo más acelerado del ensayo difusor que somete al ensayo a la brevedad máxima sin dejar de lado la consistencia e impone a sus autores popularidad y provecho económico. El ensayo no debiera ser un vehículo de expresión de ideas puramente subjetivas independientes de su contrastación con los hechos. El ensayo debe tener fecundidad ideológica, potencia difusora y belleza formal. El ensayista, liberado de la rigidez, los formulismos y de la obligación de realizar una obra completa o definitiva puede abordar los temas desde ángulos insospechados, establecer conexiones sorprendentes entre ideas y conceptos, deslizar hipótesis y sugerencias, abrir y discurrir sobre campos inéditos, poner en acción el espíritu crítico. El ensayista que dispone de poco espacio y a veces de escaso tiempo no debe evitar definir los vocablos que a veces representan conceptos simples y otras complejos; si no lo hace se somete a la incomprensión y al desquiciamiento de sus ideas por parte de sus lectores y si exagera en la sofisticación de su lenguaje obliga al lector a forcejear con las palabras de un oscuro y retorcido pensamiento que no alcanza a concretarse. Ensayo es una tesis defendida metódicamente a lo largo de una exposición racional aunque sin pretensiones científicas, cuyo origen se adjudica a Bacon (Francis Bacon; 1561 – 1626) y a Montaigne (Michel Eyquem de Montaigne; 1533 – 1592). No hace falta defensa alguna del género literario ensayo que de por sí es un género crítico, de exploración, de investigación, de combate, de riesgo para su autor, que siempre evidencia un gesto polémico y que oxigena la enrarecida y críptica escritura académica. El ensayo no se somete a reglas estrictas ni tampoco tiene que tener una exagerada rigurosidad; el verdadero rigor del ensayo es afrontar el riesgo del error permanente; el ensayo no tiene un método rígido para llegar a un conocimiento verdadero; el ensayo testimonia un proceso de búsqueda. El ensayo da cuenta de la incertidumbre, del vaivén y el vacilar de las cosas y los hechos, de las contradicciones y tiene la fuerza y la potencia que implica la definición de un tema cualquiera. El que escribe ensayos es simplemente aquel que pone palabras significantes en el mundo que nos rodea. Los buenos ensayos son más numerosos que las buenas novelas debido a que no existe hombre cultivado, aunque no sea de letras, que no sienta el cosquilleo de escribirlos; no se trata de decir naderías en bella prosa; en todo caso, la escritura es catártica, es refugio. La expresión escrita de pensamientos y sentimientos conviene que tenga una inserción manifiesta en lo social y en la experiencia vital de los seres humanos dejando de lado deliberadamente el pintoresquismo. El género denominado ensayo es más cómodo y flexible para los que no son definitivamente escritores en el sentido tradicional del término. El ensayo permite investigar, ahondar, pensar razonablemente, opinar, transformar e incidir aunque cabe admitir que la ficción casi siempre supera a la realidad. El ensayo es un intento, un probar de decir y realizar algo que implica cierta idea de incertidumbre; es un aporte de elementos, un adiestramiento o preparación para ejecutar algo de una manera definitiva; lleva en sí un matiz de cosa irresuelta, incompleta, limitada. El ensayo es la opción de escribir abordando un tema cuyo tamaño y complejidad se sabe de antemano que le desbordan al autor. El ensayista no es un conquistador de la cuestión tratada, sino todo lo más un explorador audaz. En la raíz misma del ensayo está pues el escepticismo. El ensayo es lo opuesto al tratado que se asienta en la certeza y en la convicción de estar en posesión de la verdad. El tratadista plantea: esto es lo que yo sé; el ensayista se aventura por el territorio ignoto del "¿qué se yo? Montaigne denominaba "ensayos” a cada uno de los tanteos reflexivos de la realidad huidiza que le ocupan. S on experimentos literarios, autobiográficos, filosóficos y eruditos que nunca pretenden establecer suficientemente y agotar un campo de estudio, sino más bien por el contrario desbordarlo, romper sus costuras, convertirlo en estación de tránsito hacia otros que parecen remotos. "El ensayo es la teoría menos la prueba”, dejó escrito el francés. Es característica del ensayo la presencia más o menos explícita del sujeto que lo escribe entreverada en sus razonamientos. En el ensayo, el conocimiento y, sobre todo, la búsqueda de conocimiento tienen siempre voz personal. El ensayo tiene en la actualidad una complejidad borrosa y el denominador común de no representar la última palabra sobre los temas tratados, sino la primera de una nueva forma de enfocar cuestiones esenciales de nuestra época. El método científico es un instrumento insuperable para adquirir conocimiento y -a partir de él- relativo control de los fenómenos naturales pero no es el modo más adecuado de entender cualquier tipo de realidad, incluso aquellas que no pertenecer al ámbito de la naturaleza, sino al de la sociedad. Una cosa es vérselas con los objetos y otra distinta tratar de comprender a las personas las que además de características y propiedades objetivas tienen también deseos, proyectos, sentimientos, apegos o rechazos pertenecientes a la subjetividad. El ensayo es un género que no tolera las simplificaciones de la sinopsis. El ensayista tiene que ser diverso, penetrante, agudo, novedoso y dominar el arte difícil de los puntos suspensivos. No agota su tema, no completa ni sistematiza: explora, decía Ortega y Gasset. E-mail: strejileonardo@hotmail.com 

 

 

 

 

 

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