Juan José Millás - DEMAGOGIA
El antisemitismo no conoce limites. Es muy peligroso. Durante los bombardeos de Gaza fue capaz de utilizar a niñas inocentes con tal de dañar al prospero Estado de Israel.

He aquí una niña antisemita en el instante de dejarse fotografiar,
completamente muerta, con el único objeto de poner en duda el
derecho de Israel a defenderse. Los terroristas árabes disponen de
un catálogo amplísimo de niños mutilados o muertos, algunos sin
piernas ni cabeza, otros sin manos, muchos machacados por los
cascotes de la escuela o del hospital en el que se habían refugiado
de los bombardeos. Pese a su estatura, estos críos son expertos en
propaganda política. Saben perfectamente lo que conmueve a los
caracteres débiles, a la gente poco informada, a los temperamentos
irreflexivos. Israel intentó neutralizar su influencia impidiendo la
presencia de periodistas en los lugares donde actuaba su ejército.
Pero el antisemitismo posee túneles y redes que llegan a todas
partes y contra las que resulta más difícil luchar que contra los
mismos terroristas.
No se pierdan la actitud del cadáver (en el caso de que no se esté
haciendo la muerta, que de estos niños cabe esperarlo todo), con la
boca abierta, los labios rotos y amasados, la lengua (si se trata de
la lengua, pues podría ser otro órgano) asomando en medio del rostro
tumefacto. Y luego, esa combinación dramática de polvo y piel, tan
eficaz para provocar el horror, la lástima, incluso el asco. Por si
fuera poco, la cría está siendo rescatada de los escombros de su
casa, de su hogar; y no de un cuartel, para transmitir al lector
ingenuo del periódico la idea de que no estaba preparando una bomba
en el momento de ser abatida. ¿Cómo enfrentarse a una demagogia de
este calibre?.
Juan José Millás “El País Semanal” del 1 de marzo. Fotografía de
Khalil Hamra
