INTIMIDADES DE UN DRAMATURGO

INTIMIDADES DE UN DRAMATURGO

José Figueras Díaz

Mucho se ha escrito sobre lo que es un dramaturgo, pero siempre me ha inquietado escribir sobre la intimidad de un dramaturgo, que se siente antes, en y después del proceso creativo. Con el respeto de mis colegas pienso que se puede estudiar mucho sobre dramaturgia, pero si no se ha nacido con esa vena creativa, con esa facultad de ser creador, si no se nació con esa facultad tan especial que Dios o no se quien le ha dado a ese ser para escribir, difícilmente se puede alcanzar una obra de trascendencia mundial. Creo firmemente que los grandes dramaturgos de la humanidad, nacieron para ese oficio, tal cual ocurre en la música, los grandes que tienen esa facultad, músicos de antes y de hoy. Me ocurre que cuando escribo siento que es como un hechizo, algo que no puede controlar, cuando escribo siento que es como la adición a una droga, escribo sin parar, llegan las ideas, es como si alguien fuera de este planeta me estuviera dictando. Cuando escribo me cuesta tanto parar que inclusive atento contra mi propia salud. Tengo un problema en la medula espinal, el estar mucho tiempo sentado escribiendo me causa problemas para caminar y tengo que acudir a una silla de ruedas, me duele, pero esa adición de escribir sobre pasa el dolor y el propio problema que tengo. Un colega dramaturgo que lamentablemente murió Rodolfo Santana cuando se montaba en el hechizo de su escritura, fumaba, tomaba café y bebidas alcohólicas en exceso, atentando contra su propia salud y un repentino infarto paro su creatividad. Afortunadamente nada tomo cuando escribo pero estoy consciente de que al permanecer mucho tiempo sentado con mis manos sobre el teclado de mi ordenador me estoy haciendo daño, pero como parar de escribir. Me acuesto a dormir y en la mañana siento ese llamado oculto de ir a encontrarme con esos personajes con los cuales comparto en mi escritura y les hablo ellos también me hablan es un gran compartir pero yo soy su creador aunque a veces siento que ellos me manipulan, me enamoro de un personaje mujer, odio a ese personaje malvado pero no lo puedo sacar del texto, él es necesario en la obra, sufro de aquel personaje que está pasando una situación difícil, que es maltratado injustamente, me provoca acabar con ese personaje juez que injustamente ha dado un veredicto equivocado pero el allí tiene que estar. Cuando finalmente termino mi obra, siento un vacío, siento la necesidad de encontrarme con mis personajes, pero ya todo terminó, una palabra sencilla dio culminación a mi pieza, solo tres palabras en mi texto me anuncia que ya todo ha llegado a su final y ellas son FIN.


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