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El egoísmo del Siglo XX

 

Del Siglo XX solo puedo decir que es el siglo del egocentrismo, un tributo a la degradación del entorno natural en Pro del beneficio de la especie humana. Eso que la naturaleza tardado millones de años en formar, el hombre lo ha reducido hasta los límites, según sus necesidades, se ha aprovechado de todos los recursos para uso único y exclusivo del hombre. Casi hemos saqueado y expoliado todas las montañas, subsuelo, ríos y océanos, a veces hasta el exterminio. Hemos arañado a la naturaleza todos los materiales que necesitamos para hacer nuestras vidas “como merecemos”, más cómoda para el mundo desarrollado, obviamente. Desde el petróleo hasta diamantes, desde plutonio hasta la simple agua del cielo, y todo para destruirnos a nosotros mismos. El bendito Siglo XX, siglo de contradicciones, se ha matado y maltratado en el nombre de la modernidad, ya sea para encontrar curas a enfermedades, que a veces hemos creado nosotros mismos, como las guerras que han contribuido a desequilibrar aún más el estado mental de nuestra especie. Nos han fusilado y echado bombas atómicas encima para “enseñarnos” el bien. Hemos castigado a los malos y beneficiado a los peores. El siglo XX lleno de argumentos contrarios empieza con una década de crisis que culmina en la Gran Guerra, continúa con los felices años 20 para acabar con la Crisis económica de la década, el Crack del 29. Sigue la maldición del siglo con otra gran guerra la Segunda, más hambre, postguerra y otras guerras frías que congelan los países y ponen al borde de la destrucción total al planeta. Y aunque caen muros importantes no es suficiente. Parece que en la segunda mitad del siglo acabaremos con este mal fario, con las desavenencias de los países, se unirán los europeos y los americanos del sur también unos con el Euro y otro con el Cono Sur, y finalmente utilizamos toda esa creatividad maligna en buscar soluciones, para conseguir ese ansiado bienestar que tanto nos merecemos. Cuando de repente, llegamos a la era de la tecnología. Esta creación nos hace sustituibles, prescindibles, aquello que nos puede salvar la vida también nos puede hacer sentir innecesarios. Vuelve la crisis universal, la mental, la de todos los homo sapiens del mundo, la de la trascendencia del hombre, la de todas las religiones, y nos planteamos si de verdad existimos por algo, si de verdad existe Dios, y si nos vigila como ese Gran Hermano del famoso libro del 85. Con el Siglo XX acaba un milenio para dar paso al siglo XXI que tan solo en su primera década nos ha devuelto a la realidad. No somos nada, no somos nadie, estamos en manos de unos pocos, de banqueros u “otros”, de unas manos negras que nos mueven como marionetas, que manejan los hilos del planeta, y controlan con su mando a distancia súper potente a políticos y cualquier cosa imaginable, desde los descubrimientos de nuevos materiales que pueden sustituir al petróleo y la cura del sida hasta nuevas religiones y sectas. Estas manos negras no se manifiestan, no son como los poderosos de la Edad Media o el Renacimiento, no tienen una Sede Católica o nombres importantes, éstos, los actuales se esconden debajo de caras habituales y comunes, que nos pasan desapercibidos al resto de los mortales. Y acaso somos un fraude como especie, hemos contribuido a mejorar y a empeorarlo todo? Servimos realmente para algo o nos extinguiremos cuando llegue un meteorito del espacio como pasó hace 65 millones de años. Otros aparecen de la nada, otra gente que se preocupan por la Naturaleza, personas normales, de la calle, con voces sordas, simples hombres o mujeres que no quieren aprovecharse de la Naturaleza ni sus recursos, hablan de protegerla, de utilizarla como un animal más de este mundo, y con la racionalidad que nos caracteriza, nos intentan convencer de la defensa de la Paz en verde. Esas voces débiles son seguidas por otros y otros más y todos empiezan a buscar soluciones sostenibles para esta vida de derroches y desperdicios, de acumular por acumular, se manifiestan y dan su vida por sus convicciones que al fin al cabo suponen la continuación de este planeta. Empezamos a replantar todos esos bosques calvos de tanto talar, inventamos nuevas palabras como reciclar y sustituimos centrales nucleares por otros sistemas eólicos o basados en la energía solar. El sentido común parece que está llegando a estas mentes humanas, pero llegará tarde? Nos perdonará el Planeta por todo el daño hecho en los últimos 100 años? Me gustaría ser optimista y creer en el equilibrio entre el bienestar del ser humano y el del mundo que habitamos. Creo que no agradecemos lo suficiente a la madre naturaleza todo lo que nos deja utilizar, y esta se enfurece y nos demuestra su poder. Tal vez tengamos que replantearnos una vez más si es más importante nuestro egocentrismo o convivir con todo lo que nos rodea de la manera más prudente que seamos capaces.

 

Isabel Chiner Signes

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