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Cincuentenario de Pedro Garfias, poeta combatiente

Arturo del Villar

 

   EL 27 de mayo se cumplieron 116 años del nacimiento de Pedro Garfias en Salamanca, y el próximo 9 de agosto se cumplirán 50 de su muerte en la que consideraba su segunda patria, más acogedora que la primera, en México. Se exilió en ella para evitar la dictadura fascista reinante en España, desde el triunfo en 1939 de los militares rebeldes contra la República. Él sirvió a la República durante la guerra y en el largo exilio con el arma que sabía utilizar eficazmente, la poesía. Aprovecharemos el cincuentenario de su muerte para recordar algunos aspectos significativos de su vida y de su poesía.

  En 1916 comenzó a cursar los estudios de Derecho en la Universidad de Sevilla, continuados dos años después en la Central. Pero le gustaba más la poesía que el aprendizaje de los códigos, por lo que se unió al grupo ultraísta, y en enero de 1919 firmó el manifiesto de Vltra. El 2 de mayo siguiente intervino en la velada ultraísta organizada por la revista Grecia en el Ateneo de Sevilla. El propósito de los ultraicos, semejante al de todos los vanguardistas, era revolucionario: romper con la tradición de manera violenta, por lo que se enfrentaron al público y disfrutaron de su incomprensión. Es lo que le sucedió al leer en solitario sus poemas el 2 de marzo de 1920 en el Ateneo sevillano, con división de opiniones entre el público. Intervino también en la histórica velada de Parisiana, en Madrid, el 28 de enero de 1921, donde los escándalos fueron los protagonistas de la noche.

 

Una revista y un libro

   Colaboraba en las revistas innovadoras, y con José Rivas Panedas fundó Horizonte, de la que salieron cinco números, cifra muy alta para una publicación juvenil, en los que se acogió a los nuevos poetas y a los consagrados. La redacción se anunciaba en el número 5 de la calle Humilladero, la pensión en la que se alojaba Garfias en Madrid. El primer número lleva la fecha del 15 de noviembre de 1922, y el quinto solamente la de 1923. Se anunció que iba a editar una colección de libros de poesía, que como es habitual en estos casos costearían los autores.

   Fue causa del odio que Gerardo Diego mostró por Garfias desde entonces, y hasta el fin de su vida. Según me relató el poeta, indignado todavía, le envió el original de su libro Manual de espumas, junto con el importe del coste previsto por la imprenta, y Garfias ni editó el libro ni devolvió el dinero. Aquellos poetas vanguardistas cultivaban la bohemia extrema, y al no tener nunca dinero no valoraban el ajeno.

   Quizá la desaparición de Horizonte, revista y editorial, se debiera al traslado de Garfias en 1923 a Osuna (Sevilla), a la casa familiar. Reunido el dinero suficiente, en 1926 publicó a su costa en Sevilla el poemario El ala del Sur, con ecos ultraístas, a tono con la poesía escrita en ese tiempo. Sirva de ejemplo esta descripción de la “Primavera” sin signos de puntuación, sustituidos por amplios espacios en blanco:

Primavera

Las flores pulsan sus cuerdas

Y los niños

ruedan las horas

como aros

La Primavera ha volcado sus canjilones

y han saltado las venas de los árboles

        árbol    caja de música

El corazón del mundo ha perdido el compás

    Apenas tuvo críticas, cosa normal para un primer libro de poesía, pero  tal vez este silencio le disuadiera de continuar la escritura en verso. Lo que hizo fue casarse en 1929, e instalarse en La Carolina (Jaén), en donde ejerció el mismo oficio de su padre, recaudador de impuestos municipales. Parecía que al poeta se le había agotado la inspiración, y como tantos otros vanguardistas se quedaría con un solo libro en la bibliografía.

 

Con la República

   Sin embargo, la historia de España cambió el 14 de abril de 1931, cuando la huida apresurada del rey Alfonso XIII dio paso a la proclamación de la República. Aunque Garfias pertenecía a la burguesía acomodada, su ideología estaba instalada en la izquierda, a causa de haber observado la miseria de los jornaleros andaluces. Se puso al lado de los campesinos y los obreros en su afán revolucionario. Consecuencia de ello fue su ingreso en el Partido Comunista de España, en el que permaneció hasta su muerte.

   Entonces descubrió la razón de ser de la poesía. Su militancia en Vltra le había enfrentado a la tradición lírica, en apoyo de la revolución estética perseguida por los ismos. Resultó inútil aquel esfuerzo, puesto que la sucesión de movimientos vanguardistas significaba su inoperancia. Con la proclamación de la República encontró Garfias un motivo para fundamentar su estética, al servicio de la revolución social, en ayuda del proletariado. Colaboró en la revista comunista Octubre, invitado por sus camaradas Rafael Alberti y María Teresa León. Ejemplo de su compromiso político puede ser su poema “Huelga revolucionaria en Madrid”, escrito en 1934 en apoyo de los huelguistas contra la represión policíaca, al que pertenece esta estrofa:

Por las esquinas soldados

con las carabinas trémulas

acechando a los obreros.

Sombras, sombras y silencio.

Y los burgueses temblando

tras de los muros de piedra,

ante los cristos oscuros

pidiendo guardias civiles,

guardias de asalto, más guardias,

para que guarden su cuerpo,

para que guarden su casa.

   Así era la nueva poesía de Garfias, la que desde entonces se iba a convertir en distintiva de su estilo, una poesía inspirada por su ideología republicana y revolucionaria. Su firma aparece en el manifiesto “En favor de nuestros camaradas. Protestamos contra la barbarie fascista que encarcela a los escritores alemanes”, publicado en la revista Octubre el 1 de mayo de 1933. También firmó un manifiesto de protesta por la detención arbitraria en 1934 del diputado Manuel Azaña.

 

Miliciano de la poesía  

   La historia de España sufrió una escisión con la sublevación militar iniciada en las colonias africanas el 17 de julio de 1936. Inmediatamente Garfias se alistó en el Ejército leal, y fue entonces cuando su poesía encontró la motivación definitiva. Su compañero en poesía, en ideología y en exilio, Juan Rejano, escribió un prólogo esclarecedor para su libro Poesías de la guerra española, impreso en 1941 en México, D. F., en el que explica el papel preponderante de la guerra en la poesía escrita por Garfias desde entonces, renovada en su esencia y en su efectividad, sin ninguna relación con la incluida en su primer libro:

   Lo cierto es esto: que Garfias apagó su voz cuando había levantado el vuelo. Y lo más cierto, aquello que Garfias dice a quien quiere escucharlo: “La guerra me volvió a la poesía.” ¿La guerra? ¿Guerra y poesía? Los términos se unen en esta generosa vuelta del poeta a la obra, a la vida. La guerra española, desatada desde dentro, apoyada desde fuera, conmovió a Garfias, como conmovió a todo el pueblo, y a defender la patria, traicionada e invadida, se entregó desde el primer día. Con el fusil, primero; con la palabra, después, cuando su palabra fue más precisa que su fusil.

      Combatió como miliciano inicialmente en la sierra de Madrid, pero pronto fue nombrado comisario político, mientras iniciaba una interrumpida escritura sobre acontecimientos bélicos. Colaboró en revistas militantes como Milicia Popular y El Mono Azul, a la vez que intervenía en mítines para recitar sus poemas, a menudo no leídos, sino improvisados. En agosto de 1937 fue destinado al Comisariado General de Guerra del Subcomisariado de Propaganda, instalado en Valencia.

 

poesía para combatientes

   Precisamente este organismo editó en 1937 un folleto con quince poemas de Garfias, titulado con gran sencillez Poesías de la guerra. En ese tiempo la guerra era el único tema inspirador. Una de ellas está dedicada al “Ejército leal”, en el que servía el poeta miliciano con esa doble ocupación:

Ejército leal,

tronco, raíz y savia,

carne y sangre del pueblo,

tropas republicanas,

la voz de un miliciano

os dice su palabra: […]

   El título de ese folleto sirvió de subtítulo para un libro impreso en Barcelona al año siguiente, Héroes del Sur (Poesías de la guerra), con ilustraciones de Martínez de León, muy popular entonces, editado por Nuestro Pueblo. El título se debe a que en buena parte de los poemas se comenta su experiencia en el Batallón Villafranca, en Córdoba, y se describen hechos de armas protagonizados por los milicianos, calificados de heroicos. Es, pues, una poesía épica, con un estilo nuevo. También incluyó elegías, como la inspirada por la muerte de Federico García Lorca.

   El 5 de enero de 1938 fue suprimido el Subcomisariado de Propaganda, pero Garfias continuó su tarea propagandística, en mítines y emisiones radiofónicas. Y el 9 de abril la Gaceta de la República insertó en su página 176 una orden del Ministerio de Instrucción Pública y Sanidad, con el listado de escritores premiados en el Concurso Nacional de Literatura. Los poetas galardonados representan cada uno de ellos capítulos notables de nuestra historia literaria: Miguel Hernández, Manuel Altolaguirre, Germán Bleiberg, Emilio Prados, Juan Gil Albert, Arturo Serrano Plaja y Pedro Garfias, a quien se le concedió un premio de 6.000 pesetas por su libro Poesías de la guerra.

   No era el folleto editado el año anterior, ni tampoco Héroes del Sur, que llevó ese mismo subtítulo, sino una recopilación de la mayor parte de sus poemas bélicos, incluidos esos dos títulos. El libro se publicó en México en 1941 por Ediciones Minerva, bajo el título de Poesías de la guerra española, con el prólogo de Juan Rejano antes citado. Algunos de esos poemas habían sido musicados, y se cantaban como himnos por los milicianos.

 

 

En el exilio

    El 12 de febrero de 1939 cruzó la frontera francesa con un grupo de vencidos. Nunca regresó a la patria. La República Francesa encerró a los republicanos españoles en campos de concentración. En uno de los más siniestros, el tristemente célebre de Argelès-sur-Mer, fue internado Garfias.

  El filántropo inglés lord Faringdon consiguió la liberación de varios presos, porque tal es la denominación verdadera de los encerrados en los campos de concentración franceses, y los acogió en su casa de Eaton Hastings. Allí, durante los meses de abril y mayo de 1939, Garfias compuso un largo poema en veinte partes, con dos interpolaciones, sencillamente titulado Primavera en Eaton Hastings, con este subtítulo: (Poema bucólico con intermedio de llanto). No estaba el tiempo propicio para escenas bucólicas, como el poeta reconoce en un intermedio, “Noche con estrellas”:

[…] y he de llorar a voces este dolor mordido

que brota a borbotones de mi raíz más honda.

[…] solo en medio de un pueblo que duerme en esta noche

yo he de gritar mi llanto.

[…] mientras duerme Inglaterra, yo he de seguir gritando

mi llanto de becerro que ha perdido a su madre.

     El breve libro se acabó de imprimir en México, D. F., por cuenta de la editorial Tezontle, el 30 de abril de 1941, con Garfias instalado ya en la capital de los Estados Unidos Mexicanos. Había conseguido reunirse con su esposa, también presa en un campo de concentración francés, y embarcar en el puerto de Sète en el barco Sinaia. Colaboró en el diario impreso a bordo bajo la dirección de Juan Rejano, de gran valor literario y artístico, y compuso uno de los poemas con los que se formó un álbum en agradecimiento al presidente mexicano Lázaro Cárdenas. El Sinaia terminó la singladura en el puerto de Veracruz el 13 de junio de 1939, y entonces comenzó la de Garfias y su esposa en su nuevo mundo.

 

 

La segunda patria

   Se instalaron inicialmente en el Distrito Federal, y Garfias participó en las actividades políticas organizadas por los exiliados. Mantuvo su lealtad al Partido Comunista, bien demostrada en un folleto impreso en 1943, compuesto por cuatro poemas bajo el título del primero, Elegía a la presa de Dnieprostroi. Esta presa en el río Dnieper era el orgullo de la ingeniería soviética, y en un acto de patriotismo fue volada durante la invasión nazi para impedir que el enemigo la aprovechase. Es lo que canta Garfias:

Y no tembló la mano. Acaso tembló el mundo.

Y se hizo la explosión.

Y fue como una aurora

que pariese la noche con dolor.                                                                                                                                                                                                                                                         

   Los otros poemas están inspirados por la derrota del ejército nazi en Stalingrado, una oda a Stalin y una elegía en la muerte de José Díaz, dirigente del Partido Comunista de España.

  El mismo año Garfias fue nombrado secretario del Departamento de Acción Social Universitaria de la Universidad de Nuevo León. Fundó revistas, colaboró en otras, y dio charlas radiofónicas sobre diversos temas, de los que informa el título con el que fueron recogidas algunas en 1983, editadas por el Gobierno de Nuevo León: De España, toros y gitanos.  

   La Universidad de Nuevo León editó en 1948 su libro De soledad y otros pesares, en realidad una antología, porque su primera parte se forma con los viejos poemas de El ala del Sur revisados, la segunda es Primavera en Eaton Hastings, y solamente la tercera contiene 22 poemas nuevos, bajo el título común de “Coloquio de las torres de Écija”. El poeta exiliado seguía contemplando la geografía española en el espíritu:

No el viento ni las sombras con su suspiro largo

con su silencio móvil y su enfermiza yedra

sino el sol vertical, el sol de mediodía

que se desangra a siglos como una enorme vena,

el sol que va dorando su piel y madurándola

hace cantar las torres trasparentes de Écija.

   Y el bohemio de sus años juveniles reapareció en ese mismo año, porque abandonó su trabajo universitario en Monterrey y se dedicó a viajar dando recitales y conferencias, sin dejar de participar en los actos republicanos. De hecho se separó entonces de su esposa, aunque el divorcio se formalizó en 1954. Vivía de las invitaciones de los amigos y bebía con exceso.  

 

Un final triste                                                                                                                   

   En ese período compuso muchos poemas de circunstancias, repentizados, al mismo tiempo que se editaban antologías de los antiguos: Viejos y nuevos poemas (Ediciones Internacionales, 1951, con prólogo de Juan Rejano), sólo tiene cuatro nuevos, y la última publicación hecha por él, Río de aguas amargas (edición privada, 1953, con prólogo de Arturo Rivas), incluye doce poemas recientes. No recogió en libro muchos poemas de valor desigual, dedicados a amigos, a toreros, o a acontecimientos políticos.

   El resto es triste. Alcoholizado, quizá por un intento de evadirse de la realidad desesperanzada, se le internó en un hospital en 1954, sin que se pudiera curar el alcoholismo crónico. Padecía soriasis, que le trataron con cortisona, un medicamente que deformó su cuerpo, y especialmente su cara, por lo que dejó de afeitarse. En mayo de 1967 volvió a instalarse en Monterrey, ya muy enfermo, atendido por los amigos y los camaradas del partido. Allí se encontró con su muerte el 9 de agosto. El Gobierno de Nuevo León costeó los gastos de su entierro y sepultura.

   No pudo volver a España, pero su poesía nunca dejó de estar aquí, aunque durante años de manera clandestina. Una poesía que pasó de la lírica a la épica, según lo exigían las circunstancias vitales y las variaciones sociales, por lo que refleja la historia de España en el caótico siglo XX.

 

 

 

 

 

 

 

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