Teresa Cremisi: La triunfante                                   

Anagrama, Barcelona, 2016.

La buena literatura exige buena raíz de donde nutrirse para que la historia narrada no solo tenga la calidad suficiente –la que otorga una formación sólida- sino, derivado de ello, el lector se encuentre con un argumento que aporte rigor especulativo, pensamiento y no sólo ese discurrir realista que, reproduciendo una mera narración viva, convoque por lo detallado de las cosas reunidas sino que a éste, al lector, le haga partícipe de algo original, distinto, válido para el ejercicio de la inteligencia que es quien, al fin, ha de salir beneficiada a sabiendas de que la historia de las cosas las aporta su ser de cada día, a veces mejor contada que el propio autor-imitador El caso de Teresa Cremisi –bastante desconocida en estos predios literarios- es el de una autora que, creo, reúne calidad, energía vitalista y seducción discursiva suficientes como para tomar en consideración su narrativa; para hacer bueno el silencio que ese destinatario final, el lector, le destina en atención, voluntad e inteligencia para leerle. De ahí que, a mi entender, sea destacable señalar párrafos como el siguiente: “En cuanto al Occidente de mis esperanzas, al que me había adaptado con una buena voluntad obstinada, y al que había entregado mi destino, no me provocaba ya ningún entusiasmo (…) Todos mis esfuerzos, encarnizados y un poco ridículos, no habían desembocado en otra cosa que esto: una asimilación mediocre obtenida a costa de seriedad y renuncias. También de este lado del Mediterráneo iba a empequeñecerse el mundo; el vigor y el impulso de la historia pasada serían sustituidos por un razonable repliegue, progresivo sin duda, pero irreversible” Narra la autora, cuya dedicación profesional a la edición no parece haber pasado por ella en vano (y son notorios los casos de editores que han sido relevantes escritores, desde Roberto Calasso hasta nuestro Alberto Méndez, autor de la afamada ‘Los girasoles ciegos’) las distintas vicisitudes vitales desde su nacimiento en Alejandría hasta París, donde conocerá el amor y el éxito profesional. En el citado fragmento hay ritmo narrativo, sugerencia de acción, perspectiva de algo constructivo. La obra equivale a su autorretrato espiritual –aunque el título responda a la historia de una aventura, la de la corbeta francesa del siglo XIX llamada ‘La Triunfante’)- donde la autora ‘se sirve de la ficción para hablar del alma de una mujer, de la condición de extranjera como realidad burocrática y modo de ser en el mundo (…) de los libros que nos ayudan a soñar y a comprender el mundo y nuestra propia vida’ tal como se dice atinadamente en la presentación. Materias estas en las que siempre la mente del lector se interesa y repara. Más cuando así se despliega el bien decir que atrae como entretenimiento, como percepción vital.                                               

Ricardo Martínez


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