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De las continuaciones anónimas a los fanfictions

 

marcel proust pastiches et melanges

 

La literatura se ha nutrido siempre de la tradición, no es posible escribir, por muy creativos que seamos, sin tener en cuenta los que nos ha precedido. Normalmente la influencia es soterrada, se encuentra en el mismo estrato de la creación literaria. En algunos casos hay un homenaje directo, en este sentido hay obras de la literatura que, siendo de una profunda innovación creativa, no esconde su deuda con la tradición, como el Ulises de James Joyce que emana de la Ilíada.

Tantos los aspirantes a escritores como los consagrados han actuado siempre en un diálogo fértil con las obras precedentes y, a veces, contemporáneas. Los talleres literarios proponen al estudiante numerosos juegos con la tradición, uno de los más clásicos es terminar un texto dado de un escritor consagrado, para este objetivo se ha usado durante decenios la consigna de terminar las Instrucciones para llorar que aparecen en Historias de Cronopios y de famas de Cortázar para animar al estudiante a crear otro tipo de instrucciones o bien cortar el texto por la mitad y pedirle que escriba un final alternativo son solo algunos ejemplos de diálogo creativo con los clásicos. Esto se ha hecho siempre, una parte de la formación como escritores, autodidáctica o reglada, consiste en actuar de manera dinámica en ese diálogo.

El precedente más directo es el pastiche, una técnica utilizada en literatura consistente en imitar abiertamente diversos textos, estilos o autores, y combinarlos, de forma que den la impresión de ser una creación independiente. En 1919, Marcel Proust, en su obra Pastiches et mélanges, imitó el estilo de varios autores del siglo XIX. Ejemplos de pastiche se pueden encontrar en La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza, Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante, o en varias de las novelas del argentino Manuel Puig.

Segundas partes apócrifas han existido siempre, el caso más paradigmático es la famosa continuación de El Quijote.
Pero hay una forma más lúdica de interactuar libremente con los textos, no solo utilizarlos sino jugar con ellos: cambiar finales, desarrollar personajes secundarios, o escribir una segunda parte de obras ajenas.

La serie Star Trek dio lugar a un fenómeno de fans que también dio sus frutos en la escritura. El fenómeno se inicio con historias que recreaban el universo de la serie publicadas en fanzines como Spokanalia.  Y esto es lo que actualmente hacen los/las fanfictions en la red. Es algo que ya existía pero que con la red ha pasado de un cierto entorno reducido a la cultura de masas.
 El término fanfiction hace referencia a relatos de ficción escritos por fans de una obra literaria o dramática (película, novela, programa de televisión, videojuego, etc.).  Aunque esto puede provocar un conflicto de derechos, la verdad es que la mayoría de fanfiction desarrollan una actividad  principalmente recreativa, y no específicamente literaria. No son, por tanto, escritores profesionales ni con ánimo de lucro. Aunque legalmente, según las leyes de copyright, propiedad intelectual y derechos de autor en la mayoría de países, el propietario de los derechos de una obra tiene el derecho de controlar o restringir la publicación de obras derivadas, lo cierto es que es difícil demostrar que una obra lo es y además en realidad consisten en un homenaje a la obra, publicidad, al fin y al cabo, por lo que la industria editorial acostumbra a ser tolerante en este sentido. Eso sí, siempre que no haya ánimo de lucro.

Neko Midori es una fanfiquera que publica sus historias sobre el anime y manga sobre Teen Titans y Naruto desde el año 2009, en la comunidad fanfiction puede intercambiar impresiones con otros lectores del cómic, y cambiar o leer lo que cambian otros cuando el original no le complace del todo: “cuando leo algunos cómics de DC Comics, a veces no estoy de acuerdo con algunos giros de la trama entonces los cambio o leo los fics de otros que han cambiado lo que no me gustó”.

Como es natural, a algunos autores les gusta que tanta gente se preocupe de su obra y quiera interactuar con ella, por ejemplo J.K. Rowling, la autora de la saga de libros de Harry Potter, pero otros autores lo aborrecen como Anne Rice, autora de Entrevista con el vampiro: “Me molesta terriblemente pensar en fanfictions sobre mis personajes. Les aconsejo a mis lectores a escribir sus propias historias originales con sus propios personajes”. Es lo que han hecho algunos autores jóvenes como Mónica Ojeda que declaraba: “Una persona puede escribir un fanfic como un entretenimiento, o como una forma de ganar muchos lectores, y luego dedicarse aparte a hacer literatura", o la escritora chilena Francisca Solar que empezó escribiendo fanfictions y ha desarrollado una carrera literaria.

La verdad es que, ¿quién no ha pensado alguna vez qué hubiera sido de la historia de Romeo y Julieta siendo felices para siempre o  si Caperucita roja no se hubiera encontrado con el lobo?

 

 

 

 



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