Geografía de la sospecha
SANTIAGO GAMBOA 09/08/2008
La novela negra ha roto sus fronteras. Desde los barrios bajos de Estados Unidos ha saltado al Mediterráneo, los países nórdicos y Extremo Oriente. El nuevo género mezcla ficción e investigación y habla del terrorismo, el choque de culturas y la corrupción.
La novela negra tradicional narra la historia de una anomalía. Alguien mata a alguien. Hay un cadáver en un sillón y un arma de fuego. Alguien huye por las cocinas de un restaurante chino. El detective investiga y persigue y por lo general llega a conclusiones escalofriantes: vivimos en un mundo extraño y las urbes despiadadas despiertan al monstruo que duerme en ciertos seres frágiles. La corrupción y el delito campean. Hemos perdido el decoro, la medida humana de las cosas, la decencia. El detective, bebiendo un vaso de bourbon, lo constata una vez más y luego, en silencio, camina entre las sombras de la calle. En el fondo él es tan frágil y solitario como los monstruos que persigue.
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