Literatos a la achicoria
EUGENIO SUÁREZ 29/09/2008
Pocos cafés han merecido la atención literaria como el Gijón, en el paseo de Recoletos. Quizás, único y poco conocido, sobrevive fiel a su apariencia, La Fontana de Oro, retranqueado en la Puerta del Sol, donde entran turistas que nunca oyeron hablar del pasado esplendor de aquel cónclave de conspiradores, cesantes y pretendientes que con tanta intensidad vivieron la última mitad del siglo XIX y el primer tercio de la siguiente centuria.
Al Gijón, y a los cafés, en general, tras la Guerra Civil, se iba a ejercer una función gloriosa: perder el tiempo
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