Literatura como artefacto moral
JORDI GRACIA GARCÍA 08/10/2008
Entre el jazz y la arquitectura, hace muchos años que la caligrafía moral de un poeta se ha hecho precisión de microscopio: Els motius del llop (1993) o Aiguaforts (1995) empezaron a poner en verso a un hombre libre, capaz de adiestrar al lenguaje para que fuese alusivo pero exacto, afilado pero rítmico en su propósito de musitar la intuición del desengaño, del desamor y del amor, de la intuición de la muerte o de la verdad de uno mismo. No son temas de originalidad pasmosa, ni su poesía juega en ese tapete para pobres, porque la madurez lo ha hecho clásico jovial y nada amonestador, lúcido pero no cascarrabias, hablador y ocurrente pero ni chistoso ni palabrero.
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