¡Quiero publicar! (I)
El pasado jueves El Cultural publicó un reportaje más que interesante sobre lo que podríamos llamar las otras formas de editar en España.
(Para leer el artículo íntegro, pinchad aquí.)
Intentaré resumirlo: las autoras (Nuria Azancot e Itziar de Francisco) exponen las vías alternativas de publicación que suelen tomar muchos escritores cuando sus obras se ven rechazadas por las editoriales. Dichas vías serían:
1) La autoedición.
2) La cofinanciación con ciertas editoriales.
3) La subvención (normalmente, mediante compra de ejemplares por entidades públicas).
Ya hemos comentado en anteriores ocasiones que las nuevas tecnologías han permitido el abaratamiento y la rapidez en la edición de libros. Ello ha traído consigo la aparición de empresas de servicios editoriales que por un módico precio (la cursiva irónica es mía) ofrecen la edición (otra vez la cursiva intencionada), y a veces también la distribución, de cualquier obra.
Lo primero que habría que apuntar es que hay de todo en esta nueva categoría empresarial: desde el taller de artes gráficas de toda la vida que ofrece la impresión de un original (esté como esté) hasta la supuesta editorial que lo promete todo y no ofrece nada (el citado caso de Jamais es tristemente célebre entre los que nos dedicamos a la edición en Andalucía). También es verdad que hay empresas serias que cumplen con unos mínimos de calidad y que acaban comprometiéndose con los proyectos de sus clientes.
Es lógico que un autor que ve rechazada su obra por las editoriales piense en autoeditarse, pues a fin de cuentas se escribe para ser leído. Ahora bien, al tomar esa decisión está entrando en un ámbito en el que es imprescindible la ayuda de profesionales, pues evidentemente editar un texto no es sólo imprimirlo. Un libro ha de ser corregido (las faltas de ortografía, pero también la ortotipografía y el estilo); hay que maquetarlo decentemente (existen más fuentes aparte de la Times New Roman a cuerpo 12); hay que tomar decisiones sobre el papel, el formato, la cubierta, etc. Además, hay que pasar ciertos trámites legales para que el libro pueda tener vida más allá de la imprenta. Muchos autores no exigen el número de Depósito Legal ni el ISBN y luego se extrañan de que sus libros no entren en las bibliotecas ni en las librerías. Todavía más autores desconocen el funcionamiento de las distribuidoras (lo mismo que le sucede a muchos editores, todo hay que decirlo) y creen que cualquier librería les aceptará los ejemplares por el simple hecho de entregarlos personalmente.
Todo ese trabajo (y mucho más) es el que suelen realizar los editores. Pero un autor no tiene por qué saber todo eso, y aquí comienzan los problemas. En el caso de las imprentas, su cometido es imprimir aquello que entregue el cliente esté como esté; el impresor se limita a solicitar un archivo pdf y entregar unas pruebas para el visto bueno (legalmente están obligados a efectuar el depósito legal, pero no siempre es así). Por otra parte, no es lo mismo imprimir en digital que en ofset (ver el artículo Libro electrónico/ Libro digital); en el segundo caso la tirada inicial ha de ser como mínimo de 400 ejemplares para que el precio no se vaya por las nubes. Otro problema es cuántos ejemplares quiero imprimir ¿50, 100, 500, 1.000? En el artículo de El Cultural una empresa recomienda 500 ejemplares para obras de poesía; pues bien, tratándose de autores noveles eso es una barbaridad. Puedo asegurar que editoriales asentadas en el mercado se darían con un canto en los dientes si pudiesen vender esa cantidad. Las cifras se suelen sobredimensionar en la edición; un ejemplo: una editorial prestigiosa y muy bien distribuida como Alba tiene una tirada media de 3.000 ejemplares. Y muchos son.
Así que el autor novel que quiera autoeditarse debería asesorarse previamente sobre todos estos aspectos antes de acudir a una imprenta. Si no, siempre cabe la posibilidad de acudir a una empresa de servicios editoriales. Sobre ello hablaremos próximamente.
Pues bien. A priori una empresa de servicios editoriales debería ofrecer al autor la edición e impresión de su obra; no obstante, algunas también se encargan de la distribución. Así pues, ¿qué las diferencia de una editorial al uso? Pues que los gastos corren a cuenta del autor, quien probablemente esté ya cansado de que su libro haya sido rechazado por decenas de editoriales. (Sobre este punto habría que matizar un tópico muy extendido sobre las editoriales: «los originales no se leen». No es del todo cierto; muchas editoriales tiene o bien comités de lectura o lectores externos que se encargan de seleccionar los originales recibidos; tengamos en cuenta que –sobre todo en los sellos independientes– los autores noveles representan un porcentaje elevado de su catálogo.)
En general, estas empresas de servicios ofrecen presupuestos «a la carta»; el autor es quien decide qué servicios añadidos quiere contratar: informe de lectura, corrección de estilo, tipo de encuadernación, etc.; hasta en algunos casos la organización de una presentación a los medios. La decisión última depende del bolsillo del ilusionado escritor.
Ilusionado escritor que a veces acaba estafado por indeseables como Santiago Rojas Pulido, de la editorial (por llamarla de alguna forma) Jamais, quien ha visto en la inexperiencia de muchos principiantes una forma rápida de hacer dinero. Su fórmula era sencilla: prometer la edición y la promoción de nuevos valores, cobrarles y desaparecer. Afortunadamente, los damnificados han empezado a unirse para tomar acciones legales (quien esté interesado en saber algo más sobre este asunto, que pinche aquí).
Pese a estos casos flagrantes, la mayoría de las empresas de servicios editoriales son serias. Lo mejor para quien quiera recurrir a ellas es que se informe antes y trate de consultar algunos de sus trabajos previos. Ah, muy importante: hay que cotejar precios, que las diferencias son excesivas y os puedo asegurar que un libro bien hecho cuesta mucho menos de lo que os podéis imaginar.
Para terminar. Hay otra vía para editar, aparte de las aquí citadas, si bien es muy poco conocida: ir con el original y unos cuantos miles de euros a una editorial de prestigio y financiar la edición. Recordad que muchas veces el prestigio es lo que queda cuando se ha perdido todo lo demás.
Addenda: otro día, y en relación con el reportaje de El Cultural que me ha dado pie a estas notas, hablaré de uno de mis temas «editorialísticos» favoritos: las ediciones subvencionadas con dinero público.
Fuente: http://paginasenfrentadas.bitacoras.com/




