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ENRIQUE VILA-MATAS
Tal como
señalaba Enrique Turpin “lo vila-matiano
es desde hace algún tiempo la distancia más corta entre la vida y
la buena literatura”, el escritor Enrique Vila-Matas se ha
brindado amablemente a responder las preguntas de Escritores.org
P. ¿Qué consejo le
daría a un escritor principiante?
Que lea, sobre
todo eso, que lea. Pero no creo mucho en los consejos.
Generalmente se pide el consejo de alguien para luego no hacer
caso o bien, si la cosa va mal, reprochárselo al que te lo ha
dado.
P. ¿Sus
libros parten de una imagen o una idea?
R. De
imágenes casi nunca. Más bien de ideas. A veces para llevar la
contraria a una idea de otro narrador. Mi último libro, Doctor
Pasavento, partió de una pregunta que me hizo alguien en El
Escorial hace dos veranos. “¿Cuándo piensa usted desaparecer?”, me
preguntó. Esto puso en marcha mi nuevo libro, que habla sobre el
tema general de la desaparición que, por otra parte, es un viejo
tema mío, pues ya a aparecía en El arte de desaparecer, un
relato de Suicidios ejemplares.
P. .
Actualmente se concede mucha importancia a la primera frase de un
texto. ¿Es relevante para usted?
R. Hay libros
muy buenos con comienzos ligeramente sosos. En busca del tiempo
perdido de Proust empieza así: “Durante mucho tiempo, me
acosté temprano”. Es un comienzo que parece pésimo y sin embargo
el libro es extraordinario. Mentiría si no dijera que cuido los
comienzos, aunque últimamente lo cuido todo, frase por frase,
hasta el final.
P. ¿Cómo
organiza su tiempo para escribir?
R. Nunca dejo de
escribir, quiero decir que estoy siempre sobre el libro que ando
escribiendo, pues tengo la impresión de que cualquier cosa puede
serme útil para ese libro. En más de una ocasión las mejores ideas
me han llegado mientras me aburría esperando el autobús.
P. ¿Ha
cambiado, a lo largo de los años, lo que busca en sus lecturas?
¿Qué libros de cabecera siguen ahí tras su largo recorrido como
escritor?
R. Es que los
libros que tanto me sorprendieron en la juventud (Locus Solus,
de Raymond Roussel; Bartleby el escribiente, de Melville;
Jakob von Gunten, de Robert Walser...) ya no me pueden
sorprender, aunque, eso sí, siguen bien vivos para mí. De vez en
cuando, descubro algún nuevo autor y entonces me lanzo a buscar
todos sus libros. Me ha ocurrido recientemente con John Banville,
por ejemplo.
P. La lectura
es fundamental no sólo como placer sino como pértiga para animarse
a escribir las propias historias, pero en su caso las figuras y
obra de otros escritores se reúnen en su obra de un modo
absolutamente fértil. ¿Entiende la escritura sin ese diálogo
fundamental? ¿Es un signo de la novela contemporánea?
R. Es un signo
de lo que hago yo, eso seguro. Dialogo o transformo
–comentándolos- textos de otros para a la larga escribir algo
totalmente mío, personal. Este modo de trabajar no es tan raro ni
tan exclusivo mío. No hay un solo escritor interesante que no
tenga en cuenta la literatura que le ha precedido; muchas veces
“se trabaja” con ella, aunque, a diferencia de lo que hago yo, no
se cite a los autores.
P.
En París no se acaba nunca habla de la escritura de
su primera novela. Aunque hay un homenaje evidente a ese París
que relató Hemingway en París era una fiesta, también hay
una sana ironía de corte cervantino en el modo de verse a sí mismo
como escritor principiante lejos del tópico de las novelas de
aprendizaje. ¿Debemos reivindicar la ironía?
R. Eso lo tengo
más claro que nada. Sin ironía no hay verdadera literatura.
P. Ha
confesado en innumerables ocasiones que empezó a escribir porque
le fascinaba convertirse en un personaje literario, y es indudable
que lo ha conseguido. ¿Siente que, como escritor, ha logrado
mantenerse fiel a sus expectativas juveniles?
¿Le gusta algo de lo
que escribió hace mucho tiempo tanto como lo que está escribiendo
ahora?
R. Como
“personaje literario” me propongo desaparecer. Lo hice para
llamar la atención en vista de que la gente no me conocía ni me
leía. Me propongo desaparecer como personaje, pero otra cosa es
que ando muy atento a que vida y literatura vayan muy unidas en
mí. No tuve expectativas juveniles, de ningún tipo. Por eso apenas
he conocido dolorosas decepciones. Cada vez me miro con más
interés algunas de mis primeras obras. Concretamente, Suicidios
ejemplares, Hijos sin hijos y
Extraña forma de vida.
P. El caso
del éxito inesperado de
Bartleby y compañía,
ya que no se trataba de una obra sencilla sino de un texto que
aunaba al mismo tiempo ficción y ensayo literario, muestra que los
lectores se están volviendo más exigentes literariamente de lo que
piensan los directores de marketing de las grandes editoriales.
¿Hasta qué punto influye en su escritura el lector?
R. No hago caso
de los que me reprochan intelectualismo, minoritarismo o
meta-literatura. Yo escribo lo que más me gusta escribir, y
seguidores últimamente no me faltan. En cuanto a lo de la
meta-literatura me hace reír. En Doctor Pasavento
probablemente volverán a insistir en que soy meta-literario. Sin
embargo la desesperación, soledad y locura de mi doctor pertenecen
ya a la humanidad. Son un fiel retrato del héroe contemporáneo.
P. Ha
publicado en los últimos tiempos diversas recopilaciones de
crónicas periodísticas y ensayos como “Desde la ciudad nerviosa”,
o “El viento ligero en Parma” ¿La escritura periodística ha
influido en la forja de su estilo literario?
R. Está
íntimamente intrincada con mi obra de ficción. Y, además, me sirve
para ganarme la vida, ya que no todos los días tiene uno una
novela para entregarla al editor.
P.
Curiosamente su obra fue reconocida de manera amplia, tanto por la
crítica como por los lectores, mucho antes en México que en
España, aunque actualmente ya no sea así. ¿Cuál piensa que fue la
razón para esta empatía literaria se desarrollara inicialmente en
Latinoamérica?
R. En estos
momentos tengo la impresión de estar mejor considerado en México y
en Francia que en mi país. Respecto a esa recepción mexicana,
Sergio Pitol me dijo que se debía a que mi escritura era
excéntrica en el sentido literal de la palabra (es decir, fuera
del centro, en este caso, fuera del centro de Madrid) y que México
era un país excéntrico.
P.
¿Responder entrevistas es un acto de creación
literaria? Me refiero a que los periodistas siempre buscan ahondar
en esos misterios a los que toda la literatura es una tentativa de
respuesta, ese tipo de preguntas como ¿cuándo empezó a escribir?
¿qué elementos de su biografía están presentes en su obra y cuáles
están ocultos? ¿Ha pensado en suicidarse? ¿Ha pensado en dejar de
escribir? El éxito lleva este juego hasta la exasperación, pero
quizás también le permite a uno, de algún modo, inventarse una
vida posible ¿y acaso eso no es literatura?
R. Escribo y
pienso y proyecto también cuando hago una entrevista. Entre
respuesta y respuesta, en esta misma entrevista precisamente se me
ha ocurrido (debido a la pregunta sobre cómo veo hoy mis obras
primerizas) escribir un libro en el que simularía que un editor de
mi edad publicaba la primera novela de un autor de 22 años que se
llamaría Enero Z. Satie. Eso me permitiría tratar de escribir como
si tuviera esa edad de 22 años y yo limitarme a escribir el
prólogo de presentación. Tal vez eso me permitiera regresar a las
exigencias de mis primeros años de escritor.
P. Su
discurso de recepción del Premio Rómulo Gallegos terminaba con
estas palabras, que marcan una declaración de principios. “El
orgullo del escritor de hoy tiene que consistir en enfrentarse a
los emisarios de la nada —cada vez más numerosos en literatura— y
combatirlos a muerte para no dejar a la humanidad precisamente en
manos de la muerte. En definitiva: que a un escritor le podamos
llamar escritor. Porque digan lo que digan, la escritura puede
salvar al hombre. Hasta en lo imposible.”
¿Todavía hay esperanza, o parafraseando a Kafka,
habrá que acabar pensando aquello de “mucha esperanza, pero no
para nosotros”?
R. Sólo sé que la
escritura de Kafka puede salvarnos. Hasta en lo imposible.
P. ¿En qué obra
está trabajando actualmente?
R. El próximo
lunes se presenta Doctor Pasavento, mi novela. Me hallo en
una situación de tensa espera, lo que no quita que ahora, cuando
me despida de usted, vaya a pensar más en mi libro del joven de 22
años. Ese Enero Z. Satie está en estos precisos instantes llamando
a mi puerta...
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Vila-Matas

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